Seis días. Solo seis días del 2025 bastaron para que una joven ciclista perdiera la vida en las carreteras de Colombia. Karen Daniela Bermúdez salió a montar en bicicleta con su grupo de amigos cuando, según sus compañeros, en la vía entre Sibaté y Soacha, una grúa que venía en contravía e invadiendo el carril en zona de doble línea la golpeó; la muerte fue instantánea.
El caso de Karen Daniela nos recuerda lo frágil que es la vida de una persona que circula en bicicleta, y cómo decisiones imprudentes, en fracciones de segundos, pueden costar la vida, en esta ocasión, la de una abogada de 29 años con toda la vida por delante.
Los aportes que hace la bicicleta a la sociedad contrastan con el poco respeto y la escasa consideración a la vida que los demás actores viales tienen con las personas que deciden usarla, ya sea por deporte o como opción para llegar a sus lugares de trabajo o estudio.
La bicicleta es un medio de transporte amigable con el ambiente, que reduce el riesgo de las enfermedades que más cobran vidas en la actualidad, como las cardiovasculares, la diabetes y el sobrepeso. Es, además, tal vez el medio más “democrático” de transporte, porque personas de todos los estratos y géneros pueden acceder a una bicicleta de manera relativamente fácil y económica.
Para seguirle sumando a sus bondades, es el único medio de transporte que facilita la movilidad en las ciudades sin crear trancones, y disminuye la presión sobre los sistemas de transporte que están atestados, especialmente en hora pico.
A pesar de todas sus bondades para la movilidad y la salud pública, y de los reconocimientos internacionales que tiene Colombia por sus ciclistas (Mariana Pajón, Egan Bernal, Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Lucho Herrera, Fabio Parra y una lista larga que no cabe en esta columna), la bicicleta parece ser el enemigo público de los conductores.
En Bogotá es común ver las ciclorrutas usadas como parqueaderos; en Cali, los carriles exclusivos fueron invadidos y apropiados por las motos (no contentos con esto, también se adueñaron de los andenes). Ni siquiera nuestros dos campeones del Giro de Italia, la Vuelta a España y el Tour de Francia, se han salvado de los accidentes en carreteras colombianas a causa de la imprudencia de los conductores.
A noviembre de 2024 habían muerto 366 ciclistas en Colombia, de esos, 32 eran mujeres valientes que se atrevieron a pedalear a pesar del miedo, un miedo que noticias como la de Karen no hacen más que alimentar. Más de la mitad de esas muertes fueron causadas por vehículos a motor como automóviles o camiones, es decir, por falta de cuidado y empatía
Si el conductor de la grúa hubiera tenido paciencia y prudencia para adelantar, la rodada hubiera terminado sin eventualidades y hoy Daniela estaría en su casa. Sin embargo, unos segundos producto de una decisión temeraria y poco empática del conductor de la grúa le costaron la vida a la joven.
Dice mucho de este caso, además, la falta de solidaridad del conductor después del accidente. Sus compañeros de ruta contaron que éste se dio a la fuga. Su reacción no fue bajarse del carro ni socorrer a la víctima, sino simplemente esperar a su abogado.
Es cierto que para proteger a los ciclistas hace falta infraestructura: mejores ciclorrutas en ciudades y carreteras amplias, iluminadas, exclusivas para que no compartan el espacio ni con peatones ni con tráfico pesado. Sin embargo, no necesitamos esperar a que los gobiernos construyan estas ciclorrutas para que los ciudadanos seamos más prudentes y protejamos a los ciclistas.
Respetar el metro y medio al sobrepasarlos y conservar la distancia, protegerlos en los cruces y rotondas, y no pitar a menos que sea una situación extrema son acciones cotidianas y sencillas de cultura ciudadana que salvan vidas en todo el país cada año.
Le propongo al lector que haga un experimento para ponerse en los zapatos del ciclista y el peatón: párese de espaldas frente a un carro y pídale a alguien que le pite. De seguro va a sentir que el sonido es tan fuerte y sorpresivo que lo va a sentir como un golpe físico. Si esto sucede mientras va en bicicleta, esto le puede quitar el equilibrio y hacerlo caer. Después de este experimento, estoy segura de que lo pensará dos veces antes de pitarle a un ciclista.
Hay otro experimento muy efectivo para empatizar con los ciclistas y que pueden ver en este video: sentarse en una bicicleta estática y sentir que un bus los sobrepasa de cerca a una velocidad moderada (digamos, 20 kilómetros por hora). En este video pueden ver el terror que le genera a un ciclista este sobrepaso, además de la corriente de viento que se crea y que puede desestabilizarlo y hacerlo caer. Por eso la importancia de mantener el metro y medio de distancia.
Por su parte, los ciclistas pueden proteger su vida con el uso de un casco adecuado, el respeto a las señales de tránsito y evitando imprudencias y acciones temerarias.
No podemos esperar a que las cifras sigan aumentando. Cada vez que te encuentres con un ciclista, recuerda a Karen. Recuerda que en esa bicicleta va una vida, una historia, un futuro. Reduce la velocidad, mantén la distancia, sé paciente. Tu acción puede salvar una vida. #ManejaConEmpatía #RespetaAlCiclista”
Esperemos que este caso nos sirva para despertar la empatía de todos los actores viales, para que el 2025 sea un año donde se reduzcan las muertes en las calles, especialmente aquellas que son tan fácilmente evitables.