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Cuando el padre Francisco de Roux nos confronta con las verdades emergentes del conflicto armado colombiano y su medio millón de víctimas mortales, el 80 % de ellas civiles, encajamos la pregunta demoledora que llega a la conciencia de todos y cada uno de nosotros, sobrevivientes, espectadores, víctimas colaterales. ¿Dónde estábamos mientras todo eso pasaba? ¿Qué hacíamos? ¿Qué nos decíamos para seguir adelante con nuestras vidas en medio de las masacres y el horror? ¿Cómo pudimos permitirlo?

No son preguntas fáciles para nadie, porque ser testigos o actores marginales de una guerra implica reconocer la concurrencia, con mayor o...

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