5 Feb 2020 - 2:04 p. m.

Humedales urbanos, una categoría híbrida

Una de las premisas de la ciencia moderna aplicada a la gestión es el carácter diáfano de los objetos intervenidos, un presupuesto teórico que nunca corresponde a la realidad, más compleja que el lenguaje y más inestable que la pureza de las ideas. Como persona transgénero, experimento todos los días las dificultades que una identidad variable o difusa representa para los abogados y los gestores, poco acomodados a la multiplicidad de cualidades de cualquier entidad, más si está viva…

Los humedales urbanos representan un reto muy grande en la planificación, ya que en el imaginario de las personas la forma de las aguas, parafraseando una hermosa película, tiende a ser menos fluida y cambiante que en el territorio, donde se expresa de maneras efímeras e incluso contradictorias, ajustadas a ciclos geológicos y climáticos que se comportan también de maneras muy particulares. De hecho, la sabana de Bogotá era un gigantesco lago producto del derretimiento de los glaciares de las montañas circunvecinas hace apenas 20.000 años, un ecosistema netamente acuático que poco a poco se fue transformando a medida que el calentamiento natural del planeta avanzaba. Bochica, por otra parte, intervino la historia al desaguarlo, con lo cual los pueblos muisca encontraron un nicho maravilloso para prosperar en lo que a su llegada era un gran pantano, que también modificaron sin estudios de impacto ambiental, a tal punto que hoy aún vemos la huella de su ingeniería en gran parte de la ruralidad de Bogotá: una planicie de inundación que se convirtió en un gigantesco sistema de canales y diques para pescar capitanes y guapuchas, cazar patos, cultivar maíz y mantener curíes en abundancia.

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