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¿Verde + rosa = blanco?

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Brigitte LG Baptiste
04 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
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Para la final presidencial del próximo 21 se realinean las fuerzas, porque así son la democracia, las coaliciones y los acuerdos. Hay poca confianza en el ambiente porque la historia ha mostrado lo frágil e inconveniente que es la memoria, por lo cual me inclino a promover la más incómoda de las situaciones, que es mantener la independencia de los “perdedores”: al fin y al cabo, lo que necesitamos tod@s es servir al país, no a ningún régimen efímero. Y digo esto con la firme convicción de que, por ejemplo, la promoción de una Asamblea Constituyente es inoportuna y peligrosa, pues tal como está planteándose está orientada a destruir la democracia. En ese sentido me voy a referir a dos perspectivas muy concretas: la ambiental y la de diversidades.

La perspectiva ambiental, el verde, oscila entre un proyecto que preferiría desmontar el ministerio del ramo y obviar la normatividad requerida para proyectos minero energéticos o de infraestructura apelando sólo a la urgencia, y un proyecto autoritario que desde el corazón profundo del Estado define los usos del suelo hasta el último centímetro, como demuestran los abusos inconstitucionales del gobierno Petro. La otra parte del verde, la bioeconomía, no aparece en ningún lado y se confunde con una política agrarista que insiste en que repartir tierra es la mejor opción, en un momento en que los y las jóvenes quieren hacer otra cosa. Claro, hay una deuda en el desarrollo rural inmensa, pero idealizar el campesinismo sin innovación o emprendimiento no parece la mejor opción en pleno siglo XXI. Y mejor no hablar de innovación, ni amarilla, ni roja, ni nada, porque ese ministerio sí que sigue siendo irrelevante, empantanado en una gestión de regalías que, si bien consiguió más recursos, no logró resolver los problemas estructurales de ejecución. Y de la transición energética mejor no hablar.

La perspectiva de género y equidad oscila entre un proyecto que la va a bombardear, haciendo retroceder al país décadas en la construcción de una sociedad más incluyente, y un proyecto que, pudiendo ser más sensato que el populismo e irresponsabilidad con la que se inhabilitó el trabajo de la vicepresidenta Márquez, ha planteado una perspectiva de profundización de derechos de las comunidades indígenas y LGBTIQ+, pero con un antecedente genera toda la desconfianza: la repartija o el lavado de cara son mala estrategia.

Sumando verde y rosa, para mí, da blanco. No hay condiciones para apoyar a ninguno de los candidatos, teniendo gente interesante en ambos lados. Así que, a menos que haya anuncios significativos, invito al centro a permanecer en el centro y a quienes dudan, a seguir dudando: como dijo Haraway, “stay with the trouble”, desconfiemos de quienes proponen agendas radicales o doctrinarias, pero garanticemos nuestra disposición a mantener conectados los universos. Ser minoría no es ser idiota útil… todo lo contrario.

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