Cambios en el Banco de la República

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El diseño institucional del Banco de la República, consagrado en la Constitución y la ley que lo rige, apunta a que su junta directiva no esté controlada por el gobierno de turno: tiene esta cinco miembros independientes de los cuales el gobierno puede cambiar a dos a mediados del tercer año de estar gobernando. El espíritu de esa regla es aislar la política monetaria de los afanes electorales y fiscales.

La reelección acabó con esos balances constitucionales. Cambió un solo articulito para permitirla, pero no el resto del andamiaje de pesos y contrapesos. Los actos de la junta cuando la mayoría de sus miembros habían sido nombrados por gobiernos reelegidos no estuvieron exentos de controversia. Ahora, con la reelección de nuevo proscrita, ese balance se recuperó. Pero solo sobre el papel: no previeron esas reglas que algunos miembros pudieran renunciar.

El Gobierno actual estiró esa pita: tres codirectores han renunciado; dos de esas renuncias dejan el sabor de haber sido estratégicamente usadas por el Gobierno para poder cambiar a otros miembros de la junta en el turno que se cumplió esta semana. La primera de estas, la del codirector Zárate: antes de que se le venciera el término el Gobierno lo llevó al Ministerio de Hacienda, abriendo así la posibilidad de cambiar a otro codirector distinto a él. Y esta semana, luego de que el Gobierno cambiara a dos miembros, se hizo oficial que otro codirector tiene la renuncia en la mesa. Pese a saberlo, el Gobierno cambió a otros dos. Así, cuatro de los cinco codirectores habrán sido elegidos por Duque.

Los dos codirectores nombrados esta semana han levantado polémica. Les achacan que su llegada a la dirección del Emisor está ligada a las conexiones políticas de sus progenitores. A esa teoría le dio alas el hecho de que su perfil es atípico para el cargo al que llegaron. Ambos, muy jóvenes, venían de cargos medios en la burocracia estatal. Taboada de una subdirección del DPS y Villamizar de una subgerencia del Emisor.

Taboada no tiene ninguna experiencia previa en temas afines a la banca central. Si bien se puede ver el vaso medio lleno pensando que traerá ideas frescas al Emisor, no puedo dejar de pensar que es como llevar a un estupendo gastroenterólogo a dirigir el departamento de oftalmología.

De Villamizar sorprende que, si el Gobierno quería nombrar a alguien de las entrañas de la banca central, lo hubiera escogido a él habiendo una larga lista de funcionarios con mucha más experiencia y recorrido en el banco colombiano y otros trabajando en bancos centrales del resto del mundo. Había muchos a los que no les faltaba un hervor. Saltarse la fila deja un mal sabor en los pasillos de la meritocracia técnica.

Se viene la resaca económica de la crisis de la pandemia: lidiar con las deudas que acumulamos hogares, empresas y gobiernos será un enorme reto para los bancos centrales. Los salientes codirectores, Maiguashca, Galindo y Hernández, tienen tres de las cabezas más lúcidas en temas financieros en Colombia. Harán falta.

@mahofste

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