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23 Sep 2022 - 2:00 a. m.

Columna de Camilo Amaya: Los momentos de Federer

En 2006, el escritor Foster Wallace publicó un artículo llamado “Roger Federer as religious experience” (Roger Federer como una experiencia religiosa) en el New York Times. En el inicio, Wallace describe un peloteo entre el suizo y el estadounidense Andre Agassi en la final del US Open de 2005 y el cual denomina como uno de los momentos Federer, un instante de éxtasis en el que el aficionado al tenis no cree lo que está viendo. Ahora les voy a describir uno de los tantos que vi con mis ojos como un par de lunas llenas.

Final del Abierto de Australia 2017. Quinto set, Federer arriba 4-3, Nadal al servicio, 40 iguales. De lo mucho que se conocen, que se conocieron, Federer intuye un saque a su revés, pero Nadal, que se adelanta al pensamiento del otro, le sirve a la derecha con mucho kick, esto quiere decir que la pelota pica y salta descontrolada.

Como puede, Federer la devuelve cruzada, a la línea, y Nadal, rápido como siempre, se la juega por un revés paralelo. Federer llega forzado y con un slice –bola cortada– manda la pelota de vuelta. Por el efecto que le imprime tiene tiempo de recuperar el centro de la cancha. Nadal ataca por la paralela y Federer, de nuevo, sale con un tiro profundo. Ese golpe es clave porque le permite al suizo pasar de defensa a ataque, cambiar la lógica del instante.

Federer sufre para llegar a esa situación de control, pero lo hace a su manera, elegante, pulcra. Hay un corto intercambio al centro del campo y después Nadal lo ataca al revés. Federer la pone en juego y a la segunda suelta un latigazo cruzado que acelera todo. Nadal corre. Continúa el frenesí. Federer anticipa muy bien, abre la raqueta con anterioridad, piernas firmes como un roble y suelta una derecha paralela. Tiro ganador contra cualquier otro, pero Nadal la regresa. El ohhh del público ambienta el que parece ser el punto del campeonato (14 mil personas en el Rod Laver Arena).

Nadal le imprime peso a la pelota para desacomodar a un Federer que con un par de boteprontos conserva su posición. Luego del impacto 25, el suizo, piernas abiertas, acelera, pura muñeca, y gana el punto por la paralela. Puño cerrado para el mejor de todos los tiempos.

Federer obtendría su quinto Abierto de Australia (también sería campeón al año siguiente). Federer, diría Foster Wallace, y el orden en el juego, la etiqueta para todo, la “belleza cinética”. En la Laver Cup, curiosamente, Federer disputará este viernes su último partido como profesional junto a Rafael Nadal, su némesis en la cancha durante tantos años, su gran amigo y admirador fuera de esta.

Cierro con esta frase de Foster Wallace: “La belleza no es el objetivo de los deportes competitivos. Pero el deporte de alto nivel es un lugar privilegiado para la expresión de la belleza humana”.

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