8 Aug 2021 - 5:00 a. m.

Educación integral para lidiar con la frustración

Camilo Camargo

Camilo Camargo

Columnista

La educación integral es el camino para formar niños más motivados, seguros de sí mismos, fascinados por aprender y capaces de desarrollar diferentes dimensiones como la socioafectiva, la intelectual, la ética, la estética, la espiritual y la física. También es el camino para lidiar con la frustración, porque frustrarse no solo es normal, sino que es necesario para aprender y para crecer.

Krishnamurti decía: “La mayor función de la educación es producir un individuo integral que sea capaz de lidiar con su vida como un todo”. Y esto es totalmente cierto. La educación no puede verse por fragmentos, en los cuales hay dimensiones más importantes que otras. Todo es importante y, si bien a todos nos pasa que se nos facilitan o nos gustan más unas cosas que otras, no podemos dejar de lado las otras dimensiones de la vida, o de lo contrario nos costará más lidiar con ella.

Todos los niños tienen gustos particulares, por supuesto. Hay unos que sienten más afinidad con las actividades deportivas, otros con las artísticas, otros con las tecnológicas, etc. Al descubrir esa afinidad, que no siempre es un talento especial excepcional, muchos de los padres de hoy se matan satisfaciendo a como dé lugar estos gustos particulares de sus hijos y los meten a cuanta clase individual, grupal, online y presencial encuentran. Hasta ellos empiezan a aprender para poder acompañar mejor a sus hijos. “A nuestro hijo le encanta el arte y no es muy deportista, le cuesta mucho trabajo y no lo disfruta”, entonces los papás encuentran la manera de enfocar todos los esfuerzos, cueste lo que cueste, a que tenga la mayor exposición al arte y, erróneamente en mi opinión, no a lo que menos le gusta. Y claro que no le gusta, porque seguramente se le dificulta y lo frustra. Entonces, en lugar de exponerlo para que eventualmente aprenda otras cosas, lo que hacen los padres, con todo el amor, por supuesto, es protegerlo de las situaciones que lo ponen incómodo y dejarlo tranquilo en su zona de confort. Así, el niño se fortalece en una dimensión y cada día se debilita más en las que deja de lado. Ojalá que el niño sea un gran artista, pero él no puede abandonar las otras dimensiones porque su vida será menos amplia y más complicada si lo hace.

Nadie nació sabiendo. Todos fuimos aprendiendo de a poco, lo que el niño hoy sabe del arte antes no lo sabía y antes de intentarlo la primera vez no lo podía hacer. Entonces, ¿por qué no va a poder hacer otras cosas? Todos podemos y debemos ser individuos integrales.

En lugar del “yo no puedo”, debemos enseñarle a decir que por ahora no puede, pero que si lo sigue intentando lo logrará. En ese sentido, debemos rodear a los niños y jóvenes con diferentes adultos y exponerlos una variedad de experiencias tanto en la casa como en el colegio. Acá encontramos un argumento más sobre la importancia del reencuentro de los maestros con sus estudiantes de manera presencial. Ellos son quienes acompañan a los estudiantes en esa aventura de la integralidad y con ella, por supuesto, la de la frustración. Los maestros no se quedan en la frustración, ayudan a que sus estudiantes se levanten y a salgan de ella. De esa manera contribuyen a que sus estudiantes se conviertan en personas que entienden mejor el mundo ahora y que conocen un poco de todo. Esa amplitud permite entender múltiples perspectivas e invita a un constante aprendizaje.

En el aula, los colegios nos preocupamos por ofrecer a los estudiantes todas las herramientas que los harán personas motivadas, confiadas, empoderadas, seguras, que pueden afrontar cualquier reto que se les presente. Si solo les damos lo que saben hacer mejor, en lugar de protegerlos, los estamos desprotegiendo. Todos nos hemos frustrado en la vida, a todos nos ha costado y nos siguen costando ciertas cosas. Y a todos hay algo que se nos facilita, pero solo cuando nos movemos fuera de la zona de confort es cuando descubrimos mejor el mundo.

Les comparto algunas estrategias para padres y educadores para ayudar a los niños a lidiar con la frustración y persistir en la tarea de la integralidad:

- Enséñele a eliminar el mindset de “yo no puedo”, y ayúdelo a que lo reemplace por el de “yo no puedo todavía”, “yo no puedo en este momento” o “yo no sé, pero puedo aprender”.

- Hágale caer en la cuenta de que antes de aprender eso para lo que es muy bueno no lo podía hacer y ahora sí lo hace.

- Cuéntele que la frustración no es su enemigo, es su amigo. Dele la vuelta y no lo vea como algo negativo, sino como aquella señal que nos dice “ya casi lo logras”, “no fue esta vez pero lo será la próxima”, “si sigues esforzándote lo lograrás”.

- Si el niño no se está frustrando es porque la tarea está muy fácil y no está aprendiendo como debería, entonces hay que replantearla.

- No lo haga por el niño. Cuando lo vea frustrado pregúntele qué puede hacer para volver a intentarlo.

- Es beneficioso invitar al niño a tomar una pausa, para descansar, trabajar de manera distinta y así volverlo a intentar.

Estas son tareas que debemos tener presentes a diario como padres y que debemos trabajar en equipo con los profesores de nuestros hijos, ojalá desde la presencialidad. Como decía Krishnamurti: “¿Qué valor tiene la educación si no la descubrimos jamás? Podemos ser muy instruidos, pero si no tenemos una honda integración de pensamiento y sentimiento, nuestras vidas resultan incompletas, contradictorias y atormentadas por innumerables temores; y mientras la educación no cultive una visión integral de la vida, tiene muy poca significación”.

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