28 Mar 2021 - 3:00 a. m.

La educación después de la pandemia

Camilo Camargo

Camilo Camargo

Columnista

El COVID-19 obligó a todas las industrias a repensar cómo estaban haciendo las cosas y la educación, por supuesto, no fue la excepción. En el caso de la educación, la crisis del coronavirus nos trajo la oportunidad de repensar si nuestros currículos eran adecuados, si la manera en la que estábamos entregando la instrucción era la idónea, si el rol que le estábamos dando al estudiante y el que estaba asumiendo el profesor eran los más apropiados, si las habilidades que estábamos enseñando eran las correctas, si las herramientas que estábamos utilizando eran las más efectivas, entre otros. Lo cierto es que la pandemia nos obligó a revisar y mejorar nuestro sistema actual, una innovación en tiempo récord de la cual algunos cambios tenderán a desaparecer con la vuelta a la normalidad, pues no todos son los más deseables para el desarrollo de los estudiantes, pero otros que nos hicieron ampliar la mirada, vinieron para quedarse.

Algunos de los cambios que marcarán el futuro de la educación post-pandemia tienen que ver con el currículo, el rol del profesor, el uso del tiempo la mirada al estudiante y la adquisición de habilidades para la vida.

En cuanto al currículo, definitivamente debe ser dinámico, flexible, centrado en el estudiante y con un propósito claro que invite a querer aprender. Durante este año, hemos sido obligados a revisar el currículo completo de nuestras instituciones. En parte, esta revisión se da porque el tiempo de instrucción se ha reducido gracias al confinamiento y a la consecuente virtualidad que trajo la pandemia. Hemos tenido que identificar qué aspectos del currículo son esenciales, qué aspectos requieren mayor atención y cómo poder abordarlos de la mejor manera. A nivel de contenido, una de las conclusiones es que menos es más y que el enfoque debe estar en alcanzar la mayor profundidad y no en abarcar la mayor cantidad para así lograr desarrollar pensamiento crítico, análisis de datos y habilidades de investigación en vez de cubrir una infinidad de temas de manera superficial y apresurada. Cada vez es más evidente que el currículo no se puede limitar al desarrollo de habilidades académicas y el aprender contenidos. También debe incluir de manera explícita el desarrollo de habilidades socioemocionales como la empatía, la relación con otros, el autoconocimiento y el autocontrol.

Se ha dado la posibilidad de modificar los currículos y darle más espacio a algunas materias que pueden tener mayor sentido para la vida de los estudiantes, además de abrirles un mundo más amplio de posibilidades, más allá del horario rígido que les tocó y que solo busca cumplir con un programa académico o una preparación para las pruebas estandarizadas. Dar la oportunidad de explorar ayuda a engrandecer el amor por el aprendizaje, un valor que se llevarán el resto de su vida una vez finalicen el colegio.

Con la era del Internet y el magnífico recurso para la investigación que nos da Google, siempre hemos sabido que la información está ahí al alcance de todos, eso no es nuevo, pero con la pandemia esto se hizo más evidente. Los estudiantes a diario reciben múltiples enlaces para acceder a información escrita, auditiva y visual. Ha sido todo un bombardeo. A esto se suma la oportunidad de navegación que ahora tienen al estar tanto tiempo frente a un dispositivo. Conscientes de esto, los profesores han tenido que enseñar nuevas habilidades a los estudiantes que les permitan pensar de manera lógica, desarrollar su pensamiento crítico y diferenciar entre una fuente fidedigna y segura de una que no lo es. Ese ha sido el verdadero aprendizaje en esta era de mayor conectividad. Es así como los profesores pasaron de ser el recurso a ser el vehículo para que el aprendizaje sea significativo a largo plazo, para ir más allá del contenido, enseñar competencias y direccionar a cada estudiante dependiendo de sus necesidades.

Adicionalmente, han surgido muchas herramientas y plataformas que ayudan en el proceso educativo. Es evidente que todavía hay mucho espacio para que se sigan desarrollando programas que lleven educación de calidad de manera virtual a muchas personas de una manera equitativa. El lograr complementar la educación básica a través de plataformas tecnológicas es fundamental para dar mayor acceso a estudiantes alrededor del país a una buena educación.

Los profesores han tenido que ingeniárselas para enseñar por teléfono, radio, televisión, videoconferencias, cartillas, a veces con buen Internet, a veces con mal Internet, de manera sincrónica y asincrónica, con cámaras apagadas sin saber qué está ocurriendo del otro lado, entre otras realidades que han revelado no sólo las diferencias de recursos entre los estudiantes, sino que las diferencias en el ritmo y estilos de aprendizaje y en las habilidades se han hecho más evidentes. Esto ha demandado más y mejores estrategias para que el currículo se adapte a cada estudiante de la mejor manera. Los profesores nos han demostrado que su rol va más allá de brindar una instrucción con el objetivo de que el estudiante la copie y la memorice para un examen. Los profesores han entregado su cuerpo y alma para que los estudiantes se enganchen y le encuentren sentido a aprender y para que cada uno reciba lo que requiere cada día. Los profesores, en su afán por encontrar la fórmula para cada uno, han tenido que aprender sobre el uso de tecnología en la enseñanza, se han vuelto youtubers, han introducido recursos audiovisuales distintos que jamás habían usado, han enseñado a los estudiantes herramientas nuevas que facilitan su aprendizaje, como entregar un proyecto a través de un video, una exposición, un tablero digital, una animación o un podcast. Y nada de esto estaba escrito ni planeado en ningún lado. Ellos mismos le han dado dinamismo y han entendido que lo más importante es el estudiante y que hay muchísimas maneras de enseñar y de relacionarse con sus alumnos. Esa recursividad y adaptabilidad han sido un modelo ejemplar para los estudiantes y por esto, ellos también han aprendido estas habilidades.

Los profesores también se han preocupado por conocer más y mejor a los estudiantes y, de esta manera, han entendido que evaluarlos a todos igual no siempre es efectivo. Una discusión grupal, una construcción colectiva a través de un documento compartido en Google Drive, un audio o un video son maneras adecuadas de evaluar sin necesidad de un examen estandarizado.

Fortalecer nuestro ser se ha vuelto más importante que nunca. Hablar de nuestra salud mental y reconocer lo que necesitamos en medio de una crisis que nos tocó a todos sin excepción nos hizo normalizar el hablar de nuestras emociones, dejarnos ayudar, entender que no tenemos todo bajo control, que nos podemos equivocar, aprender del error y seguir adelante. Los profesores han priorizado el bienestar emocional de los estudiantes por sobre la carga de tareas.

Algo que nos costó a todos, pero que finalmente aprendimos, fue la reestructuración del tiempo y del espacio. Estábamos inmersos en una estructura espacio-temporal muy rígida. Una estructura rutinaria en la que los horarios eran una constante inamovible y en la que el aprendizaje sí podía ser variable. Ahora sabemos que el aprendizaje es el que debe ser constante mientras el tiempo y el espacio pueden variar. Y esto es una transformación valiosísima que no podemos perder. La pandemia nos enseñó que debemos romper con las estructuras atadas al tiempo y al espacio y que la asincronía es también muy valiosa y les permite a los estudiantes ir a su propio ritmo, ser más creativos, investigar más a profundidad y, en últimas, sacarles más provecho a determinados aprendizajes.

En este año, nos hemos dado cuenta de que tenemos acceso a conectarnos con el mundo. Se ampliaron las posibilidades de interactuar con personas de otros lugares y de otras geografías. Para la educación, esto abre un sin número de oportunidades para que los estudiantes se conecten con científicos y especialistas alrededor del mundo o entrar en contacto con otros estudiantes pares en alrededor del planeta en su tiempo libre o a través de proyectos del colegio. Por ejemplo, varios estudiantes cercanos participaron en un encuentro con estudiantes de diferentes partes del mundo, organizado por un colegio en Rumania donde pudieron comparar experiencias de la pandemia.

Por último, si bien el aprendizaje puede darse de manera virtual, no hay reemplazo para la educación presencial. El ver a los estudiantes participar activamente en una discusión en clase, verlos correr en clases de educación física y verlos interactuar con sus amigos no tiene comparación. Y, claramente, no tendrá reemplazo.

Son muchos los aprendizajes de los cambios que nos hemos visto obligados a introducir. Los invito a rescatarlos, valorarlos, y ver cómo pueden encajar en una educación cambiante. Estos cambios ayudarán a que la experiencia educativa contribuya a desarrollar flexibilidad, amor por aprender y las habilidades que tanto se van a necesitar de aquí en adelante. Sin duda, al implementar algunos de estos cambios podremos contribuir a formar mejores seres humanos al servicio de su entorno, estudiantes más felices y seguros de sí mismos, ciudadanos flexibles y adaptables, personas llenas de habilidades para afrontar cualquier reto que se les pase por delante, adultos que sabrán tomar mejores decisiones y que harán respetar su voz y la de los demás.

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