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De historiadores a cosmetólogos de la economía

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Camilo Sánchez Ortega
14 de octubre de 2010 - 11:36 p. m.
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Al maquillaje se está dedicando el Banco de la República por estos días, ya que la propuesta de modificar la denominación de los billetes nacionales quitándoles tres ceros no sólo es inocua sino inconveniente.

No siendo este proyecto de iniciativa gubernamental ha sorprendido la actitud extremadamente diligente de los miembros de la Junta, pareciendo actuar a través de algunos congresistas en cuerpo ajeno. Lo más sorprendente es que nuestro Emisor ha dejado de lado problemas críticos que nos trasnochan, como el padecer la revaluación más alta del mundo o soportar una de las tasas de desempleo más fuertes de Latinoamérica sin propuestas contundentes de choque, en cambio dedican horas a debatir la modificación de nominación de billetes. Esta cirugía será muy onerosa, según ellos, es de doscientos veinte mil millones de pesos, pero en realidad será mayor, sin contar el costo del sector privado, pues deben cambiarse dispensadores, teléfonos públicos, software para transacciones en línea, entre otros.

Hoy Colombia tiene inflación de un dígito, no siendo oportuno realizar tal cambio, pues esta clase de iniciativas se ejecutaron en países con hiperinflación, y lo lamentable es que en su mayoría los resultados fueron negativos, basta ver la experiencia de nuestros vecinos, Venezuela y Brasil, sin contar los más de 10 fracasos que se han dado en Argentina, y eso que las condiciones daban para ello.  Un grave inconveniente en estos países fue el tema del redondeo, es decir, la aproximación de valores a la cifra más próxima, que al aplicárselo a los productos en su mayoría se efectúa hacia arriba, siendo inflacionaria, pues un litro de leche que cuesta $1.800 quedaría costando $2, así vemos como el precio mayor lo asume el consumidor. El efecto sicológico de menores precios es un espejismo, que en un comienzo incentiva el consumo y el des ahorro, pero el efecto neto es nulo. El sector bancario, por el contrario, tendrá enormes beneficios, pues sin querer queriendo el redondeo permite que se apropien de las pequeñas cifras, por ejemplo $60 pasarían a ser centavos, y los perdemos automáticamente los usuarios.  De otro lado, el periodo de transición dura por lo menos dos años y por experiencia en este tiempo los más ignorantes son el blanco perfecto de estafas y robos.

La Banca Central pretende volver política contra el lavado de activos este proyecto, pues asegura que al convertir los billetes debe explicarse el origen de ellos, tema que compartimos, pues en repetidas ocasiones le hemos solicitado al Gerente del Banco que profundicemos sobre este flagelo, que nunca es mencionado en sus informes, y eso que según los estudiosos representa más de dos puntos del PIB, pero lo irónico es que esta medida es simplemente un paliativo oportunista. La Junta del Banco dice que asumirán los costos, pero en realidad estos recursos son de todos los colombianos. Aunque tengan un colchón interno para cubrir de manera soterrada las pérdidas y malos resultados de los últimos años, más de un billón, estos dineros deben pasar al Presupuesto Nacional para realizar obras prioritarias. Les recuerdo que fue una odisea incorporar una cifra parecida a la del costo de esta iniciativa para una de las locomotoras de la economía.

Hace 14 años cuando Colombia tenía inflación de dos dígitos presentamos este proyecto, pero extrañamente el Banco de la República no sólo no nos dio el respaldo sino que lo hundió, y eso que las condiciones lo ameritaban. Señores del Emisor, estaremos pendientes de los costos reales de este proyecto para que no se convierta en otra vena rota de la Banca Central y mucho menos aumente las pérdidas que ustedes han generado.

sanchezca42@hotmail.com

Senador de la República

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