En el sector privado es central ejecutar y lograr resultados. La cabeza de la compañía establece una visión a donde quiere llegar, define unos objetivos, determina la estrategia para obtenerlos y alcanzar la visión, acomoda la estructura organizacional y define los procesos necesarios para avanzar. Determina los talentos y competencias de los integrantes que, trabajando por procesos, van logrando los resultados que normalmente se acompañan con sistemas de compensación. En las empresas el líder visionario forma, inspira, orienta y acompaña a un equipo ganador (A+ team). Esta sin ser la única forma de administrar, ilustra lo que se conoce como el Pentágono de Galbraith, que, con cinco elementos —estrategia, estructura, procesos de negocio, manejo de recursos humanos y sistemas de recompensas—, actúan como una fina orquesta articulada para lograr el resultado.
El Gobierno Petro, con 44 ministros guiados por un liderazgo disfuncional, un discurso no propositivo, ideologizado, lleno de resentimiento, muestra la incapacidad de trabajar con un equipo cohesionado; sumado a una estrategia basada en hacer realidad su cuento de que el sistema fracasó, y fracasa porque lo hace fracasar (profecía autocumplida); sumado a la carencia de procesos y al seguimiento de resultados, que son casi inexistentes, ha llevado a que el cambio promovido por esta izquierda sea un completo fracaso. No hay sector, llámese salud, educación, seguridad, obras públicas, vivienda, energía, fiscal entre otros, donde la ejecución sea más que mínima y los resultados desastrosos. El presidente, de forma simplista que raya con lo irresponsable, cree que puede gobernar mediante X y, ante la falta de resultados y una interminable cadena de escándalos de corrupción, pretende tapar la ineptitud gubernamental con largos discursos incendiarios, culpando siempre a los demás de sus fracasos.
El Sr. Petro, en virtud de dicha incompetencia y ya casi sin tiempo para ejecuciones, realizaciones y reformas sociales, y con el grave incumplimiento del Acuerdo de Paz con el fin de perpetuarse y capturar ya no el Gobierno sino el Estado, viene produciendo una serie de hechos que van orientados a lograr una ruptura institucional. Debilitó sustancialmente a la fuerza pública que estuvo liderada por un ministro, cuyos desaciertos llevaron a un control territorial de facto por grupos criminales. Ha permitido un muy peligroso crecimiento del ELN que, con más de 2.000 hombres en el solo Catatumbo, actúa como ejército de ocupación; esta guerrilla binacional al servicio del socialismo de Maduro ha abierto un boquete a la soberanía nacional en Norte de Santander y Arauca.
Fuera del discurso, ¿dónde están las capturas y combates contra esta guerrilla? Con un Benedetti cuestionado, cabe la pregunta de si el nuevo gabinete es para ejecutar o para preparar las próximas elecciones. En este panorama el presidente amenaza insistentemente con el estallido social, apelando a la violencia para poder ahondar en la ruptura institucional que le facilite medidas de excepción, y por esta vía capturar el Estado, atornillarse en el poder y “pasar la página violenta” con una ley de punto final. Sin olvidar que estas narrativas se sostienen con masivas inyecciones de nuestro dinero público a sus redes sociales.