Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En mi columna pasada mostraba que SÍ era posible soñar con ser un país desarrollado, no solo defendiendo la vida sino haciéndola digna para todos, pero que no podíamos confiar en nuestro bono poblacional porque hoy es inexistente, sino impulsando el crecimiento vía un Big Bang de la productividad.
Continuando con este tema, requerimos primero apostar por una verdadera economía de mercado. Enfocarnos en la transformación de las empresas que conforman el aparato productivo nacional, llámense agros, financieras, manufactureras, de construcción, entretenimiento, etc. Esa transformación debe orientarse a diversificar con nuevos productos y servicios, aumentar el valor agregado de los mismos, a la modernización tecnológica y vocación exportadora. Pero para esto hay que trabajar en transformar las competencias de nuestro talento humano, impulsando la transferencia de tecnología e innovación y aumentando las capacidades productivas vía equipos y tecnología modernas. Dicha transformación se logra mediante educación universitaria pertinente, técnica, tecnológica y el aprender haciendo de calidad. De otro lado, el cambio tecnológico de las empresas y el aumento de capacidad productiva, vía capital físico y modernización industrial deben pasar al mismo tiempo en un proceso continuo.
Lo anterior se alcanza si el sector privado, mediando tributación competitiva, contratos de estabilidad jurídica y simplificación normativa radical, encuentra las condiciones para invertir masivamente. Pero se requiere complementar con tres seguridades: la física, la económica y la jurídica. Nadie invierte si tiene la duda de que un Estado centralista, prepotente e ideologizado amenaza la inversión vía cambio legislativo o aumento impositivo que resulte expropiatorio. Este Big Bang pasa por tener como foco central el desarrollo territorial alrededor de sus apuestas productivas que además de las tres seguridades mencionadas requiere bienes públicos y presencia básica estatal para que sea el Estado y no las estructuras criminales las que controlen el territorio.
Un salto en productividad se hace logrando que esa gran franja media de empresas informales encuentre grandes incentivos y rebaja sustancial de barreras para que formalizarse sea un EXCELENTE negocio. Esto solo lo alcanzamos con simplificación radical de tramites, hoy Colombia tiene más de 2.600 horas vs. 300 aproximadas de Brasil y Panamá. Necesitamos unificar y gradualidad en parafiscales, que sea el Estado el que haga la dispersión, tributos simples, crédito barato y de largo plazo, y formación para el trabajo entre otras. Pero no será suficiente a menos que trabajemos en costo país, especialmente en una expansión masiva de oferta de energéticos que baje costos, sumado a impulsar la minería legal vs. la extracción ilícita de minerales, que generen regalías para apalancar las necesidades sociales y de desarrollo.
Es necesario, además, la total integración territorial para que bajen los costos logísticos, adelantada por un sector privado vía APP pero siempre con reglas claras y estables. Lo anterior NO es suficiente, requerimos con dos mares imitar a otros países creando parques industriales destino del NEARSHORING. Debemos lograr un Estado pequeño y efectivo que se mida por resultados, y sobre todo con un gran FOCO EN LO SOCIAL.
