Históricamente y en cuanto al desarrollo, el Estado ha centrado su actividad enfocándose principalmente en la ejecución de obras nacionales e intervenciones en municipios y departamentos, pero en los territorios —con la excepción del medio ambiente que cuenta con las CAR— no hay institucionalidad que coordine su desarrollo, quedando este en manos de municipios casi siempre pobres y generalmente descoordinados. Ejemplos de territorios son el Catatumbo, Bajo Cauca antioqueño, norte del Cauca, Urabá, entre otros. Los territorios no obedecen a una lógica municipal ni departamental sino simplemente a una serie de características geográficas, etnográficas, históricas que hacen que su desarrollo sea similar y que, por tanto, la intervención estatal tenga que ser coordinada entre ministerios y agencias, con completitud de intervenciones que garanticen su desarrollo, concurrencia en el tiempo que permita que unas intervenciones se articulen con otras y finalmente contundencia para que este desarrollo sea en todo el territorio y no en pocas veredas.
Pero históricamente el Estado ha llegado a las regiones de forma desarticulada y cada ministerio hace lo que quiere o le conviene políticamente, salpicando el territorio con iniciativas de desarrollo que, por no estar coordinadas con todos los intervinientes en el momento oportuno y abarcando los mínimos correspondientes, no logran el impacto en el desarrollo para lograr clústeres productivos que transformen las regiones. Tradicionalmente, el Estado parece una orquesta donde cada ministerio toca diferentes melodías en tiempos distintos.
La transformación de territorios exige esa actuación con las 4C (coordinación, concurrencia, completitud, contundencia). Un buen ejemplo que se acerca a este concepto, teniendo tres y media de las 4C, son las Zonas Futuro, creadas por el Gobierno Duque para intervenir zonas azotadas por narcotráfico, por ejemplo la del Catatumbo. En ella se interviene el territorio con tres verticales: la primera está orientada a mejorar la seguridad; en la segunda se articulan bienes públicos, especialmente carreteras de penetración, electrificación rural e infraestructura educativa, de salud y digital; finalmente, en la tercera vertical se impulsa paralelamente la titulación de predios y de proyectos productivos que coordinadamente obedecen a una lógica de clúster. Lamentablemente la C de contundencia hay que escribirla aún en minúscula porque al intervenir solo unas pocas veredas se corre el peligro de un efecto globo frente al narcotráfico, en que al apretar un lado se infla el otro.
Otro ejemplo de desarrollo con las 4C es el que se presenta en los PDET, impulsados ampliamente por esta administración, donde con más de 3.000 obras y cerca de $10 billones invertidos el Gobierno nacional ha venido transformando la Colombia profunda. Estos combinan acciones contundentes, más una completitud de bienes públicos que han surgido de las necesidades planteadas por la comunidad, acompañadas de proyectos productivos y el desarrollo se ha hecho con concurrencia en el tiempo. Esto evidentemente está transformando el territorio.