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El excelente libro El pasillo estrecho, de D. Acemoglu y J. Robinson, muestra cómo la libertad y el progreso económico se desarrollan en un pasillo estrecho, donde hay un equilibrio entre el poder del Estado y la sociedad. La libertad necesita “que haya una sociedad movilizada que participe en la política, proteste cuando sea necesario y vote cuando sea posible para que el gobierno abandone el poder. La libertad surge de un delicado equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad”. “Sin la vigilancia de la sociedad las constituciones y las garantías no valen mucho más que el pergamino en el que están escritas”. El desarrollo de un sistema de leyes, pesos y contrapesos es el que permite contener el leviatán que es el Estado, “encadenándolo”. Si un aumento en la capacidad del Estado no se iguala con un empoderamiento equivalente de la sociedad, puede aumentar la dominación política al hacerse con herramientas adicionales para la represión y el control. Cuando como en Cuba o Venezuela el poder del Estado es total y ha reprimido y aplastado a la sociedad, se genera un leviatán despótico que abusa, encarcela, mutila, asesina y es insensible a los deseos del pueblo.
El nuevo cambio de gobierno y, en sus palabras, de “modelo” nos lleva a reflexionar qué podemos lograr. En el discurso de posesión de Petro vimos dos caras. Una del estadista de izquierda, dispuesto a llegar a acuerdos y avanzar en las reformas que requiere Colombia, y otra del que no olvida su origen revolucionario y las presiones que ejercen algunas izquierdas disolventes. De la forma como la izquierda democrática le dé la mano para llegar a acuerdos a la centroderecha dependerá que avancemos conjuntamente cediendo de lado y lado, y podamos marchar hacia un país con progreso para todos, que garantice no solo la vida sino su dignidad. Pero muy cerquita está la izquierda disolvente e intolerante, pudiendo exigir que al estar en el poder solo se hagan sus reformas y continuemos divididos como con el Acuerdo de Paz, que fue impuesto sin tener en cuenta a la Colombia mayoritaria que ganó con el No.
El presidente podrá ser el primer mandatario de izquierda que reivindique el desastre socialista comunista (Venezuela, Cuba, Nicaragua, etc.) y logre un país con grandes avances sociales y económicos, pero generar un leviatán despótico no solo depende de Petro, sino de la madurez de nuestros partidos, inclusive los enmermelados, y de la contención de esa izquierda disolvente e insurgente que recurre a todas las formas de lucha, que excluye, estigmatiza y arrincona. Eliminar la Contraloría y Procuraduría, así tengamos reparos sobre su funcionamiento, NO fortalece el equilibrio y elimina los contrapesos necesarios. Una reforma política que debilite los partidos y las FF. MM., potenciando una Policía política que dependa del Mininterior, un cambio en el sistema electoral y la pasividad frente al narcotráfico abren camino para ese leviatán.
Colombia, a pesar de sus grandes avances en muchos temas, SÍ requiere reformas de fondo, pero reconociendo que tenemos una realidad política dividida, una periferia que constituye mayoritariamente la Colombia profunda y pobre, y una andina y central del vaso un poco más lleno. Esa división hace imperativo CONCILIAR y llegar a acuerdos para las reformas.
