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3 Apr 2022 - 5:30 a. m.

Gremios 2.0

Los gremios han sido motores de la transformación nacional, pero también tienen oportunidades para la inclusión y la transformación social y productiva en sus sectores. Si encontramos que el 85 % de los trabajadores del campo son informales, que el sector productivo colombiano tiene casi 7,2 millones de empresas, que 6,95 millones tienen menos de tres trabajadores y más del 80 % son informales, y que sus actividades mal que bien están cubiertas por actividades gremiales, se constituye una impactante realidad que nos lleva a pensar en gremios 2.0 (G-2.0) que se vuelven motores de la transformación económica, social y ambiental de sus sectores, pero extendiendo su actividad de forma decidida a abarcar una parte de ese universo de medianos y pequeño empresarios, convirtiéndose en organizaciones ambidextras: con una mano trabajan lo tradicional y con la otra la transformación del pequeño empresariado.

Entiendo que en su labor tienen que confluir lo económico, lo social y lo ambiental. En lo económico impulsarían aquello que aumente la productividad, fomentando el extensionismo tecnológico adecuado a cada actividad. Serían promotores de esquemas de formación para el trabajo del talento requerido, que formen al capital humano competente para cada actividad, además de trabajar con los bancos comerciales y de fomento para crear las líneas de crédito dirigidas, con plazos y tasas adecuados que faciliten financiar la transformación productiva. En lo social, entenderían que la inclusión hay que trabajarla de la mano de informales, campesinos, indígenas, afros y demás, promoviendo esquemas asociativos gran empresa-pequeña empresa, facilitando que sean socios del progreso. En lo ambiental, promoverían las mejores prácticas que, sin fundamentalismos excluyentes y legislaciones con barreras, tengan la capacidad de enfocarse en lo que verdaderamente impacta lo ambiental en su actividad. Pensemos en la minería informal y ancestral, transformando su actividad con prácticas sostenibles, inclusión en el sistema financiero y formación permanente para el trabajo que permita aumentar su productividad.

Todo esto nos debería llevar a visualizar que, vía inclusión, con los elementos mencionados, los sectores informales tendrán procesos rápidos y ágiles de formalización, simplificación prestacional (un 15 % que incluya todo), simplificación legal y tributaria, tal que formalizarse sea una alternativa positiva por las mejoras en productividad y rendimiento, no una trampa que los lleve a caer en una maraña normativa asfixiante. También, un diálogo con las instituciones de educación superior —universitarias, técnicas y tecnológicas—, como articuladoras nodales en las regiones de la mano de las empresas agremiadas y del Estado, conlleva a que los GREMIOS 2.0 puedan ser motores de transformación. Cada región debería definir unos NODOS PRODUCTIVOS a impulsar, que de la mano de este diálogo incluyente puedan ir transformándolas. La nueva Colombia no puede moverse entre planteamientos populistas autocráticos o seguir con el mismo statu quo, con una realidad donde hay amplios sectores excluidos. Necesitamos una transformación social del aparato productivo proempleo, proinclusión, proequidad.

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