Es lamentable el giro que ha tomado la protesta. Es válido estar indignado, pues a pesar de los avances, para una parte importante de la población, sobre todo joven, hay desesperanza, falta de oportunidades e inconformismo, que deben y pueden manifestar. Una suma de descontentos reales, más errores en la forma de acordar el financiamiento de un gran paquete social, más partidos, movimientos y líderes que se nutren del odio y la lucha de clases, más una buena ayuda de la narcodictadura venezolana están generando un daño mayor en el momento que más necesitamos la reactivación.
La pesadilla económica generada por la pandemia y los cierres —como en Bogotá, Medellín y Cali— sumada a una protesta social acompañada desde el 2019 por incendiarios organizados, ajenos a la marchas y con agenda propia, están llevando especialmente a los jóvenes a la incertidumbre, a no ver una salida clara, y en toda la población se va generando un sentimiento de desesperanza, que nos lleva a pensar que como sociedad no respetamos el derecho a la vida de TODOS, la diversidad y sus múltiples puntos de vista, la propiedad pública y la privada, la autoridad y el derecho a protestar pacíficamente.
Dado que hay que transformar los problemas en oportunidades, es necesario que el paro se vuelva un transformador social incluyente, nuestra oportunidad para un nuevo contrato social, pero en ninguna circunstancia capturado por los que, declarando que el modelo ha fallado, nos quieren llevar al “paraíso” venezolano o cubano. Tampoco puede ser una defensa a ultranza de un modelo económico que tiene falencias, trabas y desestímulos para generar los empleos dignos que requiere la sociedad.
Necesitamos un sector productivo fuerte y pujante que tenga como prioridad la inclusión masiva de informales que puedan progresar y tener los bienes públicos que se requieren para su desarrollo. Debemos estar dispuestos a lograr de una vez por todas un sistema tributario simple y progresivo, implementar un ingreso mínimo vital para la gente más vulnerable y replantear totalmente el sistema educativo, que, entre la captura ideológica por Fecode y unas universidades distanciadas del sector productivo, no prepara estudiantes para la vida nacional y en su desconexión titula egresados que en su mayoría no encuentran los empleos para los que fueron formados. Es el momento de poner en la mesa la realidad de los cultivos de droga y la minería ilegal, que están generando muertes de líderes y destrucción ambiental.
En encuesta elaborada por el CNC, la mayoría considera que es posible hacer protesta sin violencia y que es importante llegar a acuerdos sobre los grandes temas del país. Esos acuerdos deben tener una participación amplia de partidos, estudiantes, Congreso, gobernadores, alcaldes, Iglesia y otros, pero en ninguna circunstancia ser un monólogo extorsivo de Fecode, CUT, Asonal, porque no representan a muchos millones de colombianos. Y esos acuerdos no pueden ser un escenario para agravios, sino una forma para continuar construyendo juntos un futuro donde florezcan los valores y las esperanzas para todos sin exclusiones.