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No solo tierra legal para el retorno al campo

Carlos Enrique Moreno

04 de septiembre de 2022 - 12:30 a. m.

En los pasados dos artículos delineamos cómo llegar a una masificación legal de la tierra, con equidad, respeto a la propiedad privada y fuerte énfasis campesino. Señalamos cómo el catastro multipropósito permite un levantamiento total de los predios, mapear su realidad social y económica, facilita su valoración uniforme, la actualización de la UAF, y abre el camino para una titulación masiva por la ANT. Pero tierra sin desarrollo es una solución incompleta, como lo ha demostrado la experiencia colombiana con reformas agrarias de solo titulación.

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Para pasar de una tierra legal a un verdadero retorno al campo, nos apoyamos en los trabajos realizado por Valiente es Dialogar en su documento Retorno al Campo y en el Gran Acuerdo para el Desarrollo Integral del Sector Rural, elaborado por el ICP. Para propiciar el retorno al campo es útil recordar que los cuatro factores de producción son la tierra, el capital, la tecnología y el trabajo. Habiendo mostrado un camino para lograr el factor tierra de manera legal, es necesario complementarlo con los otros tres. Para el factor del capital, es necesario democratizar el crédito agropecuario, hoy altamente concentrado para financiar importadores de alimentos. Esa democratización la deben realizar sobre todo los bancos de desarrollo, impulsando créditos directos, reformando los fondos de garantías para que incluyan otros tipos de avales, así como el financiamiento de seguros de cosechas y riesgos climáticos, y ojalá con un impulso a la agricultura por contrato que garantice la compra de la cosecha.

Adicional al crédito y a la tierra, hay que transformar el factor humano. Entender que el trabajador del campo ha envejecido y se necesita una nueva generación de campesinos con una formación para el trabajo y la convivencia, requiriéndose una malla curricular diferente. Debemos tratar de que para los más de 800 municipios que comprenden la Colombia rural, los sistemas educativos tengan una formación dual, y que un SENA repotenciado y transformado mire definitivamente al campo colombiano.

Finalmente, el elemento tecnología es central. Este pasa por tener semillas y variedades mejoradas que son hasta diez veces más productivas por hectárea que las tradicionales (ejemplo maíz), lo cual requiere centros de investigación para impulsarlas, además de masificar los servicios de extensión agropecuaria que enseñen las variedades adecuadas para cada territorio, cómo se siembran, fertilizan, el control de plagas, y la comercialización entre otros. Es una transferencia de tecnología aplicada volcando universidades y tecnológicos hacia el campo.

Finalmente, si todo el desarrollo se basa solo en pan coger y no implementamos cultivos industriales en las diferentes zonas, creando NODOS DE DESARROLLO, el producido campesino y el pequeño mediano productor no llegarán a los mercados internacionales ni lograrán los precios que permitan soñar con una clase media rural. Por último, para lograr esta transformación son absolutamente necesarios los bienes públicos, especialmente las carreteras rurales, electrificación, riego, conexión digital, y la JUSTICIA Y SEGURIDAD entre otros. Esta dura tarea pero necesaria hay que hacerla con completitud y concurrencia.

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