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Hace un par de años, en compañía del exviceministro Julián Guerrero conversábamos sobre la importancia de hacer en Colombia un GRAN MUSEO DE HISTORIA NATURAL. Sé que la iniciativa se venía gestando también, entre otras, de la mano de Colombia Productiva y el Parque Explora, pero me surgió la necesidad de insistir en su creación después de ver tres excelentes producciones: el maravilloso documental El sendero de la Anaconda, una muestra de la impresionante diversidad de la fauna, flora y cultura que tenemos en el Amazonas y en nuestros parques nacionales; la película de Disney Encanto, que en su estilo muestra de forma espectacular toda esa variedad, música y costumbres nuestras, y los documentales de la reapertura del Museo Nacional sobre la civilización egipcia.
Un GRAN MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE COLOMBIA sería un proyecto que nos uniría a todos los colombianos alrededor del maravilloso valor de toda esa diversidad natural y de nuestros grupos poblacionales de las zonas Andina, del Pacífico, Llanos Orientales, Amazonia, Sierra Nevada, sur, Caribe, páramos, el archipiélago de San Andrés y Providencia, etc. Es la oportunidad para mostrar a los estudiantes colombianos y visitantes maravillosas selvas, manglares, ríos, nevados, lagunas, mares, riqueza submarina, flores, frutas, árboles, aves, minerales, mamíferos e insectos, complementada, claro está, con la fabulosa diversidad cultural que tenemos, haciendo homenajes a todas las comunidades que nos integran, afrodescendientes, indígenas, ROM, entre otras, para que nos sintamos orgullosamente retratados, respetados, entendidos y admirados como somos, mostrando nuestra música, mitos y creencias, así como comidas e idiosincrasia. Le haríamos un homenaje a nuestros ancestros, a la riqueza de San Agustín, a Ciudad Perdida; tendríamos salas dedicadas a mostrar, formar y capacitar sobre plantas medicinales, alimentos, flores y frutas, diversidad de aves y mariposas, para que como colombianos al fin nos APROPIEMOS de nuestro maravilloso e irrepetible patrimonio.
De paso, haríamos consciencia de la destrucción que los cultivos ilícitos y la extracción ilegal de minerales le hacen a nuestro territorio; mostraríamos la mortalidad de peces y el envenenamiento de los ríos por los grupos armados con sus voladuras y cómo ríos sin manejo de residuos se vuelven cloacas que destruyen nuestros mares. Tendríamos minisalas de cine mostrando Chiribiquete, los pumas y jaguares, el oso de anteojos, las cascadas y los ríos, el Carnaval de Blancos y Negros, el Carnaval de Barranquilla, la Feria de las Flores y tantos otros. Que quien pasara por el museo se maravillara de lo que tenemos y cuya única conclusión fuera que debemos construir juntos este país desde la diferencia, desde la diversidad, crear una nueva ética y unirnos para defender la vida y el territorio, y rechazar socialmente a quienes quieren destrozar el Estado para privilegiar sus rentas ilegales.
Es claro que como país la seguridad y la erradicación de la miseria son imperativos, pero eso no impide que soñemos unirnos alrededor de este propósito. ¿Será posible soñar que el edificio del actual Seminario Conciliar en Bogotá pudiera ser la sede de dicho museo?
