El Dr. Jorge Iván González, exdirector de Planeación Nacional y uno de los pocos funcionarios altamente calificados del gobierno Petro (por eso no duró), PhD en Economía, planteó en el PND (art. 364) una transformación significativa en la gestión presupuestal de Colombia: pasar de una asignación sectorial y fragmentada a una presupuestación basada en programas o proyectos estratégicos con enfoque territorial. A pesar de que a nivel nacional hoy se impulsan unos pocos proyectos, coloquialmente “es lo mismo pero diferente”. Actualmente, los ministerios llegan con propuestas desarticuladas a los territorios que no tienen ni la completitud de las acciones necesarias para producir una transformación ni la concurrencia en el tiempo. Es claro el fracaso institucional del centralismo asfixiante que, para mostrar resultados medidos por ejecución, trasladan los recursos a fiducias simulando ejecución y registran a funcionarios por contratos como inversiones, en tanto que las regiones claman por soluciones a sus problemas. Interminables discusiones ideológicas nos impiden pasar de la IDEOLOGIA AL PROBLEMA.
En Colombia hay una capa de proyectos y programas de profundo impacto regional que, sin ser exclusivamente de tamaño medio y grande, ameritan que la gestión presupuestal se oriente a manejo POR PROYECTOS como lo plantea el Dr. González. Este cambio estructural en la gestión presupuestal va orientado a mejorar la eficiencia, equidad y transparencia en la asignación de recursos, facilita la planificación y ejecución efectiva de los mismos, reduce la fragmentación institucional y promueve su coordinación, evitando duplicidades y mejorando la eficiencia. Exige enfocarse en resultados, el proyecto se hace o no se hace, mejora la equidad regional, facilitando las asignaciones en zonas históricamente marginadas, es más flexible frente a las necesidades cambiantes, fomenta la participación ciudadana al involucrar a las comunidades en la priorización de proyectos fortaleciendo la democracia participativa. Colabora con la alineación de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo, mejora la supervisión y control del gasto público, alinea la gestión presupuestal con prácticas internacionales recomendadas por la OCDE.
Dichos proyectos y programas facilitarán la competencia entre regiones basada en impacto y aporte complementario de recursos presupuestales y de regalías regionales, se multiplicarán las vías troncales, mallas terciarias, proyectos productivos, saneamiento y agua, electrificación rural entre otros, invirtiendo las regalías con alto impacto en lugar de fraccionarlas como pasa hoy. Lo anterior requiere reglas claras que establezcan la financiación solo de iniciativas que cuenten con contratos tipo, con pautas definidas para establecer procesos competitivos y precisión en las obras o programas planteados con sus metas y tiempos. Esto permitiría salir de los esquemas tradicionales que sirven a políticos inescrupulosos que ponen trabas para cobrar comisiones. Es claro que si existen alternativas para que sectores de posiciones diferentes lleguen a acuerdos. Es lamentable que una propuesta de alto impacto no sea implementada por un Gobierno al que le conviene que la pobreza perdure para sus fines políticos.