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¡Qué cuento nos queremos creer!

Carlos Enrique Moreno

29 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.

A una famosa deportista colombiana le preguntaron su secreto para ganar medallas de oro y respondió: “Me creí el cuento”, “trabajé duro” y “celebré los triunfos”. ¿Cuál es el cuento que como colombianos nos debemos creer, que nos inspire a trabajar para lograr una vida digna para todos? Basado en textos de Valiente es Dialogar, grupos de dialogo social, y de empresarios como Jimmy Mayer, Carlos Lemoinne y Francisco Manrique, propongo como punto de partida el siguiente concepto: Colombia no es un país roto, es un país que aún no ha decidido todo lo que puede ser.

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Durante años nos hemos contado una historia que nos divide, la historia del fracaso, de la desconfianza, de la espera, donde el problema siempre es otro y la solución viene de alguien más. Esta vieja y manida narrativa que ya se agota nos permite crear una oportunidad, construir un relato más fuerte, verdadero y capaz de unirnos. Porque Colombia sí tiene verdades profundas: somos un país resiliente, diverso, trabajador y lleno de potencial, pero con profundos desequilibrios. ¿Cómo alinear nuestras decisiones con el gran potencial que nos beneficie a todos? Hoy el país enfrenta cuatro desafíos que no podemos seguir postergando: no puede haber libertad donde el crimen gobierna territorios. No puede haber dignidad donde no hay empleo ni oportunidades para todos. No puede haber equidad donde el lugar de nacimiento define el destino. Y no puede haber futuro si seguimos creyendo que alguien más resolverá lo que nos corresponde a todos. Por esto las elecciones del 2026, más que un momento político, son un momento de definición nacional.

El primer paso es recuperar lo esencial y es la seguridad y el respeto por la ley como base de la vida, porque sin orden no hay libertad, y sin libertad no hay progreso. Pero la seguridad no basta. Colombia necesita dar un giro decisivo hacia la creación de riqueza. Un país no se transforma repartiendo escasez, sino generando abundancia y esto exige construir una economía que produzca, innove y exporte al mundo. Un sistema tributario que incentive la inversión en lugar de castigarla. Eliminar las barreras y asfixia normativa que hoy frenan al que emprende y al que genera empleo. Y entender, sin complejos, que el sector privado es un aliado fundamental del progreso. Porque cada empresa que crece es una oportunidad que nace. Cada empleo digno es una familia que avanza. Cada exportación es Colombia conectándose con el mundo.

Pero ese progreso tiene que llegar a todos. Significa construir un país donde las regiones no sean sinónimo de desigualdad, donde el talento no dependa del origen. Necesitamos construir el país desde los territorios, reconociendo su diversidad como nuestra mayor fortaleza. Pero para que el cambio sea sostenible, requerimos pasar de una cultura de confrontación a una cultura de diálogo, confianza y corresponsabilidad. Necesitamos acuerdos, más ciudadanía activa, más construcción colectiva. Como dice la campaña “Colombia es buena y vale la pena cuidarla”. Cuidarla es recuperar la seguridad, generar riqueza, cerrar brechas y asumir responsabilidades.

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Hoy no estamos eligiendo solo un camino: estamos eligiendo la historia que queremos vivir. Escogeremos si seguir repitiendo la narrativa del miedo, de división y escasez, o empezamos a construir una de progreso, dignidad y propósito compartido. Y la pregunta final, más que quién va a cambiar a Colombia, será si estamos listos para construirla juntos.

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