En Colombia hemos tenido avances importantes en la educación superior, del 2010 al 2019 la cobertura bruta pasó del 42,6 % al 54 %, pero sigue siendo mucho menor a la de la OCDE que es del 75 %. El número de graduados en pregrado pasó de 150.000 a 350.000 y en posgrados, de 40.000 a 100.000, evidenciando un choque de oferta frente al aparato productivo que no ha crecido al mismo ritmo. A pesar de la gran oferta, el 54 % de los empresarios reportan dificultades para llenar vacantes. Además, el paro sacó a flote un ejército de jóvenes, muchos de ellos graduados y algunos con posgrados, que no encuentran alternativas laborales.
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En una primera observación, requerimos un sector productivo mucho más grande y borrar las barreras entre formales e informales para absorber a estos jóvenes sin oportunidades. Además, la pandemia nos mostró las inequidades entre la educación a nivel rural y en ciudades intermedias vs. la educación en las grandes ciudades, las brechas de género, la baja calidad y oportunidad del sistema, en el que solo el 25 % de los estudiantes pertenecen al 50 % más pobre de la población, señalando el potencial para mejorar la movilidad social y la equidad.
Se evidenció la necesidad de una formación en secundaria de mejor calidad y más articulada con la educación superior, y la importancia de fortalecer la formación para el trabajo y reconocer y acreditar saberes. Observamos que no se tiene en cuenta la diversidad geográfica, cultural y étnica, y que se desconoce el propósito para cada región. Quedó claro que hay un exceso de reglamentación centralista, desconectada y burocrática que asfixia a la educación superior, haciéndose necesario liberarla y fortalecer su autonomía, creando mecanismos institucionales que articulen un diálogo permanente entre universidad, empresa y Estado, acorde a las necesidades regionales.
La educación superior es un bien público y debemos hacer lo posible para que esté al alcance de todos, que nadie se quede atrás; ella tiene el potencial de transformar vidas y sociedades, mejorar el bienestar personal y la productividad empresarial, generar crecimiento económico y social y formar mejores ciudadanos que puedan vivir dignamente; ella debe obedecer a una construcción colectiva que movilice al cambio frente a un mundo complejo y cambiante. Pero lamentablemente la educación superior en el país está más centrada en lo teórico y cognitivo, con poca formación en habilidades socioemocionales transversales, tales como trabajo en equipo, comunicación, comprensión de lectura, compromiso y formación para la vida.
POR TU DERECHO A ELEGIR: los estudiantes necesitan tener la información y la capacidad de elegir entre instituciones, programas y metodologías, definir si quieren educación pública o privada, formación técnica o universitaria, presencial, virtual o blended, para esto es necesario avanzar, no solo tener becas de matrícula, sino bonos educativos, algunos subsidios para gastos y préstamos bien diseñados. El Foro de Presidentes y Connect Bogotá, con un grupo de más de 60 rectores, empresarios y funcionarios gubernamentales, están culminando un gran trabajo denominado “Diálogos de Futuro” que va a mostrar refrescantes horizontes para transformar la educación superior en Colombia.