De las lecciones de Platón, sin duda las más célebres y útiles han rondado alrededor de la modelación de lo que es un buen diálogo, en contraste con catilinarias que acostumbran a responder exclusivamente a prejuicios derivados de motivaciones puramente ideológicas que terminan destrozando el bien común.
¿Cómo lograrlo, particularmente, con aquellos con quienes discordamos? La primera regla, inspirada en el inmortal método sobre el diálogo formulado por Sócrates –el padre de la filosofía occidental– yace en la buena voluntad materializada en una abierta, honesta y colaborativa interlocución, en contraposición a la obtención por cualquier medio de triunfos pasajeros, mezquinos y destructivos en todos los debates.
Ello consiste en la búsqueda transparente de la verdad en asocio de las contrapartes, la cual debería ser el norte, a la manera de una estrella de Belén en el lenguaje de la cultura cristiana, que los conduzca, a partir de la diversidad y el pluralismo, a una convergencia inteligente bajo propósitos genuinamente compartidos.
He allí el marcado contraste entre el filósofo, movido por una profunda devoción por la sabiduría, y el sofista habitual, movido simplemente por el deseo de derrotar a su interlocutor, a quien considera como un oponente en vez de su amigable socio. En otras palabras, el recurrente ánimo de alcanzar pírricas victorias a costa de la razón.
O, dicho en términos etimológicos: la sindéresis –la capacidad de juzgar las cosas con sensatez y rectitud–, en contraposición a la erística –el consuetudinario ejercicio de perseguir preseas espurias en cualquier discusión a costa de la razón y la verdad–.
¿Por qué las enseñanzas de Platón cobran la más enorme relevancia en los tiempos que corren? La profesora emérita de filosofía Angie Hobbs de la Universidad de Sheffield y doctorada en ese mismo campo por la Universidad de Cambridge, lo expone con singular maestría en su obra Why Plato Matters Now (Bloomsbury, 2025).
Cuánta falta hace el legado de Platón en la Colombia de hoy frente a la polarizante tendencia de los políticos en los asuntos públicos. O a la conducción de no pocas empresas –de propiedad estatal, familiares o privadas– donde suelen anidarse autocracias que comienzan por desconocer la esencia del Gobierno Corporativo.
Es el caso del grupo Ecopetrol, donde durante el último cuatrienio imperaron el amiguismo y la corrupción sobre las buenas prácticas de un auténtico Gobierno corporativo independiente del poder central. Y el de la Junta Directiva del Banco de la República, donde ahora, tras el maltrato del anterior jefe del Estado, por fortuna ha retornado con el apoyo del ministro de Hacienda la sindéresis por encima de la erística, al haber entendido que, en toda junta, independientemente de su naturaleza jurídica, tiene que primar entre sus miembros la observancia de su misión institucional sobre los intereses particulares de quienes los hayan nominado o postulado.
La fiel aplicación de las enseñanzas del maestro Sócrates y de su discípulo Platón sería la más valiosa contribución a la sana convivencia entre contrarios.
Bien harían los contrincantes, supuesta o explícitamente identificados con metas comunes, en deponer sus egos en aras del porvenir de la Nación. No hay más salidas.
*Exdirector del Banco de la República y Ecopetrol y exministro de Agricultura.