DESPUÉS DE TODO LO QUE HA OCUrrido con el referendo reeleccionista, concebido y organizado como asunto de vida o muerte por el ex senador Luis Guillermo Giraldo, es procedente proponer que se le designe jefe de la oposición, pues no parece que tantos errores e inconsistencias en la redacción del proyecto, la financiación del proceso y el origen de los aportes obedezcan al anhelo de mantener a un Mesías invulnerable en la Jefatura del Estado.
Hay que descartar, sin embargo, la mala fe en la conducta de Giraldo. En los círculos políticos del país se comentaba, comenzando por el Partido de la U, que nunca se había visto un Ministerio del Interior y de Justicia más trabajado que el del talentoso y culto dirigente caldense. Su tenacidad, sus visitas a varias regiones del país y lo que decía en las reuniones que presidía, a pesar del toquecito de conveniencia directa, demostraban que su sinceridad con la causa era inobjetable.
Pero el teflón que ampara el nombre de Uribe, su popularidad, el fanatismo ciego de sus partidarios, el respaldo de la plutocracia y tantos otros factores a favor de la continuidad en el mando, le infundieron a Luis Guillermo mayor confianza que cuidado para manejar un propósito como el que se echó a cuestas, complejo y delicado. Pero a pesar de lo complejo y delicado, se permitió licencias que, al final del camino, complicaron más las cosas, como lo que le declaró a El Tiempo el pasado lunes 8 de diciembre: “La pregunta —dijo Giraldo, refiriéndose al texto de su criatura— fue consultada con magistrados y ex magistrados de la Corte Constitucional y dijeron que estaba bien”. (Página 3A). Magistrados y ex magistrados de la Corte Constitucional. ¡Palabras mayores!
Todo un veterano de la política, de la grande y la menuda, con una formación jurídica sólida, cayó en fallas que bien pudieron usar como armas positivas de combate los más aguerridos jefes del Liberalismo y el Polo Democrático Alternativo. Allí hay también una lección para un antiuribismo que, a diferencia de su gran adversario, todo lo que hace o dice se le convierte en veneno, porque no aplica estrategias que le funcionen ni da paso que no se le tuerza cuando cree que avanza hacia un acierto político.
La oposición no debe esperar a que la suma de los escándalos que día a día surgen dentro del Gobierno, por acción u omisión, arruguen la buena cara que el odio de los colombianos a las Farc le acomoda al presidente Uribe, sino tomar desde ya la decisión de elegir a Luis Guillermo Jefe Único de la Coalición Opositora, sin tener en consideración quién podría ser un candidato también único a la Presidencia de la República. Eso vendría después. Además, Giraldo saltaría de una secretaría de partido a una jefatura de partidos.
Claro que a los tropiezos de la labor de Luis Guillermo contribuyó Uribe, ya que permitió que el impulsor de su segunda reelección se rompiera los nervios y los huesos sin saber, a ciencia cierta, con qué saldría, a la postre, el providencial beneficiario de Yidis y Teodolindo, la primera vez, y el perjudicado de Guerra de la Rosa y Miriam Paredes, o sea, Yidis y Teodolindo al revés, la segunda, mientras el escudero de su capacidad de sacrificio por la patria se enredaba con el lenguaje y las cuentas sin la ayuda de nadie.