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Agujero fiscal, el combustible de la inflación

Carlos Gustavo Cano Sanz

29 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

En tanto subsista el enorme exceso del gasto público sobre los ingresos, y la consiguiente e insoportable presión sobre la demanda agregada de la economía en medio del desplome de la inversión, la política monetaria, a pesar de que a la luz del deber ser de la teoría y la ortodoxia va en la dirección correcta, continuará neutralizada.

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Jamás antes en la historia reciente el control de la inflación había dependido en mayor medida del ajuste estructural de las finanzas del Estado que de las decisiones propias del banco central, cuyos efectos bajo estas circunstancias suelen ser contrarrestados.

La suspensión de la regla fiscal, que encarna la disciplina prudencial, con fuerza de ley, del manejo de la hacienda, fue un golpe fatal en contra de la credibilidad de las autoridades responsables del erario. Y una pésima señal para los mercados, que han percibido un incremento de los riesgos y el deterioro de la confianza inversionista.

Una manifestación inequívoca de su impacto está reflejada en el disparo del costo de los pasivos en términos de las tasas de interés, que han alcanzado niveles insostenibles, tras haber hipotecado la Nación a fin de poder agigantar la burocracia, aceitar las clientelas serviles del régimen y financiar su pasada campaña electoral.

Tal es en esencia el terrible legado que el gobierno entrante estará recibiendo del saliente en materia macroeconómica. Monumental desafío que aquel tendrá de cara a la reducción del déficit que seguramente terminará al cierre de este año por encima del 8 % del PIB, el más alto desde la guerra de los mil días.

Ante la dimensión de semejante drama, no cabe hacerse la ilusión de poder salir de tan profundo foso en breve plazo. La reconstrucción de la sanidad financiera del Estado tomará un buen tiempo, que requerirá una alta dosis de perseverancia y una cuidadosa planeación de parte de la rama Ejecutiva. Así como la constructiva cooperación de parte del Congreso y las altas cortes dentro del marco de la Constitución y las Leyes, y bajo el principio de la separación de poderes, cimiento de toda democracia.

Entre tanto, del lado de la Junta Directiva del Banco de la República es perfectamente previsible que tendrán que venir ajustes adicionales de su tasa de interés de referencia, habida cuenta, principalmente, del empinamiento de las expectativas de inflación en un horizonte de uno a dos años, que más que duplican la meta fijada del 3 % anual. Es de esperar, entonces, que la fase contractiva de la política monetaria se mantenga al menos hasta el 2028. La señal positiva del nuevo mandatario y su equipo, que sin duda recibirán muy bien los mercados, es su reiteración del respeto por su independencia.

Finalmente, en la medida en que comiencen a concretarse los esperanzadores y sólidos anuncios que han hecho el presidente De la Espriella, el vicepresidente Restrepo y el ministro Gómez tras el inaplazable ajuste fiscal y el restablecimiento de la regla que debe ser su guía, sin duda la confianza en las instituciones económicas de parte de los inversionistas y agentes financieros tanto del país como del exterior regresarán a la normalidad. Y las expectativas de inflación comenzarán a ceder.

*Ex director del Banco de la República y Ecopetrol y ex ministro de Agricultura.

Por Carlos Gustavo Cano Sanz

Economista de la Universidad de los Andes; con maestría de la Universidad de Lancaster; posgrado en Gobierno, Negocios y Economía Internacional en la Universidad de Harvard. Fue ministro de Agricultura, director del Banco de la República y director de Ecopetrol. Actualmente es profesor de la Universidad de los Andes.
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