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“El mundo soy yo”

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Carlos Gustavo Cano Sanz
28 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
"Esta vez el escenario del foro económico mundial de Davos sirvió para revelar las cartas. Una voz, la de la sensatez, brilló sobre todas las demás. La de la prédica moralmente autorizada de las buenas prácticas en la administración y manejo de los asuntos corporativos, públicos y privados" - Carlos Gustavo Cano
"Esta vez el escenario del foro económico mundial de Davos sirvió para revelar las cartas. Una voz, la de la sensatez, brilló sobre todas las demás. La de la prédica moralmente autorizada de las buenas prácticas en la administración y manejo de los asuntos corporativos, públicos y privados" - Carlos Gustavo Cano
Foto: EFE - GIAN EHRENZELLER
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El título de este escrito representa una parodia del de la genial obra de Santiago Posteguillo, Roma soy yo – la verdadera historia de Julio César (2022).

Ahora ha surgido un arrogante y alienado líder de la reencarnación de la autocracia, que originalmente entronizó aquel padre ancestral de la tiranía. O sea, la guerra a muerte contra la democracia liberal, las libertades, la separación de poderes, los frenos y contrapesos y los límites del poder del jefe del Estado, que heredamos de los griegos y posteriormente de Montesquieu y sus colegas y discípulos: Donald Trump. Su impronta, lema y obsesión, es “el mundo soy yo”.

Dicha práctica de nuevo se ha puesto de moda aquí y en el vecindario, a la usanza del dicho de los abuelos: hasta en las mejores familias y sus empresas pequeñitas o grandes, donde también impera el “ave César… mande usted y no pregunto".

Esta vez el escenario del foro económico mundial de Davos sirvió para revelar las cartas. Una voz, la de la sensatez, brilló sobre todas las demás. La de la prédica moralmente autorizada de las buenas prácticas en la administración y manejo de los asuntos corporativos, públicos y privados, y planetarios.

En su discurso, Mark Carney marcó allí la esperanza de un nuevo amanecer para la civilización y la convivencia frente al asedio del imperial “ave César y el mundo soy yo”.

Carney (1965), quien antes de llegar a ser primer ministro de su país de origen, Canadá, fue presidente de su banco central y luego del de Inglaterra, sin ser británico –un hecho inédito en la historia de las políticas monetarias del mundo-, donde sembró su doctrina del forward guidance. En términos llanos, la de la anticipación sobre el porvenir de la moneda a través de la comunicación fluida y didáctica de las autoridades monetarias hacia el público. De la que fui firme defensor durante los 12 años de mi paso por la junta de nuestro banco central.

La coherencia ha sido regla de su vida. Recomiendo la lectura de su excelente libro Value(s): Building a Better World for All (PublicAffairs 2021). Una pieza esencial ahora que el presidente norteamericano atenta contra la democracia liberal y las libertades, desoyendo el espíritu visionario de los padres fundadores de su propio país.

Carney arranca diciendo que las potencias medias, en contraste con las geopolíticamente dominantes de la tierra, tienen el deber, y la posibilidad, de crear un nuevo orden universal integrándose entre sí en torno de valores superlativos como los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la soberanía, la solidaridad y la integridad territorial. Una enhiesta respuesta a la pretensión del mandatario gringo de quedarse con Groenlandia, un estado autónomo de Dinamarca, y de anexar a las malas a Canadá como un estado más de la república que comanda.

En un mundo donde “los grandes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben… existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.” Es decir, el camino de la pusilanimidad.

El falaz ropaje de la globalización está dejando al descubierto una realidad: la seguridad alimentaria y energética dependerá de los esfuerzos propios de cada nación. En tanto que, en el segmento de las potencias medias, resultan imperativas la cohesión, las alianzas, las coaliciones, la unidad, pues “si no estás en la mesa, estás en el menú”. Esto es, si no actuamos juntos, nos sometemos a la subordinación. Nos urge transitar hacia un nuevo orden de cooperación genuina.

Magistral mensaje de este insigne banquero central y ahora insigne estadista.

*Ex codirector del Banco de La República y Ecopetrol y ex ministro de Agricultura.

Carlos Gustavo Cano Sanz

Por Carlos Gustavo Cano Sanz

Economista de la Universidad de los Andes; con maestría de la Universidad de Lancaster; posgrado en Gobierno, Negocios y Economía Internacional en la Universidad de Harvard. Fue ministro de Agricultura, director del Banco de la República y director de Ecopetrol. Actualmente es profesor de la Universidad de los Andes.
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ROSALBA LOPEZ SANDOVAL(02ke6)31 de enero de 2026 - 12:40 a. m.
Es muy reconfortante escuchar una voz diferente que hace un llamado a la reflexión a la unidad por una sociedad más sensata que proyecte un nuevo orden para logros más justos y humanos me encantó ese discurso
Eduardo Sáenz Rovner(7668)28 de enero de 2026 - 03:54 p. m.
"La Colombie c'est moi". No quiero imaginarme el encuentro entre los dos locos...
CARLOS BARRGAN(lcggj)28 de enero de 2026 - 03:50 p. m.
El mundo está frente al presidente de una gran Nación, con evidente poder, pero seriamente afectado por el "complejo de Dios". Por fortuna, también existen primeros ministros que, no se dejan amedrentar y "ponen los puntos sobre las ies". En América del Sur, también hay un "estadista andino" que, se ha atrevido a exponer sus diferencias ante ese presidente megalómano y abusivo. El miedo y la incertidumbre están de moda.
JUAN GARCÍA(i5w8f)28 de enero de 2026 - 02:09 p. m.
Colombia importa entre el 30% y 40% de los combustibles que consume, e importamos cerca del 40% de los alimentos que comemos, entre ellos entre el 70% y el 80% del maíz el trigo, y la soya, y gran parte del frijol, la lenteja y el arroz… y esa dependencia en maíz y soya se traduce en dependencia en la proteína, pues la carne de cerdo, pollo, pescado y la leche, dependen de concentrados con esas materias primas. Son temas de Nación que tenemos que mantener en la mira.
JUAN GARCÍA(i5w8f)28 de enero de 2026 - 02:08 p. m.
“El falaz ropaje de la globalización está dejando al descubierto una realidad: la seguridad alimentaria y energética dependerá de los esfuerzos propios de cada nación.” … Esta frase, cuya idea comparto, nos deja mucho en que pensar. Pasó la pandemia, pasó la crisis de la logística global, y se nos olvidó cuán frágiles somos en aspectos vitales como energía y alimentación, dependiendo de unas estructuras globales.
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