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La destituyente

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Carlos Gustavo Cano Sanz
08 de abril de 2026 - 05:05 a. m.
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La obsesión de todos los tiranos es destruir para poder gobernar, o imponer, que es su condición existencial. Todo aquello que se oponga a su pretensión congénita de dictar su personal voluntad hay que quitarlo de en medio, por el mero hecho dizque de bloquear las ocurrencias y caprichos del monarca.

Para la muestra, unos cuantos botones: “Roma soy yo” (Julio César); “el Estado soy yo” (Luis XIV); “el pueblo soy yo” (los sátrapas contemporáneos del trópico americano como Petro, una peculiar caricatura de los Castro, Chávez, Maduro y Noriega).

Su postrer sueño intergaláctico consiste en promover ahora la iniciativa ciudadana por firmas de una exótica asamblea popular constituyente, no convocada por el Congreso como ha sido la usanza, para reinventar el país en un plazo de 90 días, sin previa agenda, ni linderos temáticos, ni parámetros delimitados; sin reglas claras sobre su membresía; partiendo de la supresión de la separación de poderes; el sometimiento de los frenos y contrapesos del Ejecutivo a su propia égida, comenzando por las altas cortes y el parlamento; siguiendo con el cercenamiento de la independencia del banco central que tanto le molesta por, según él, frenar el crecimiento económico y la eliminación de la pobreza; el acoso y persecución contra todo vestigio de emprendimiento o iniciativa privada en aras de la estatización a ultranza del aparato productivo y de los servicios de toda índole. En fin, de un genuino tropel “destituyente” destinado a hacer añicos la democracia liberal y las libertades.

Si el traje no lo siento cómodo, en vez de ajustarlo, cambio de sastre. Es la consigna de estas oscuras horas de un totalitarismo que pretende entronizarse como el modelo.

Según lo señaló recientemente el ilustre jurista Manuel José Cepeda durante una excelente e iluminante tertulia sobre políticas públicas, se trataría de la consagración de un sistema hiperpresidencialista liderado por lo que denomina un “corporativismo social” integrado por grupos étnicos y lo que vagamente se conoce como ‘campesinado’, sin fijar los criterios específicos y bien definidos sobre su real naturaleza, aparte de establecer simplemente, de manera extraña, el número de delegados en 125 – 83 por circunscripción nacional y 42 por circunscripciones especiales o sociales-.

Figuras tan inusuales y perjudiciales para las poblaciones rurales más pobres como “la prohibición de retroceso”, supuestamente para borrar la posibilidad de suprimir o simplemente modificar las que se consideran conquistas sociales, como por ejemplo la Ley 70 de 1993 que introduce la inalienabilidad de los derechos de propiedad colectiva sobre territorios especiales de las negritudes en el pacífico colombiano, lo cual ha significado la exclusión total de esas comunidades de los servicios financieros.

A manera de ejemplo, semejante cuerpo tan deforme e informe tendría la facultad de determinar a su antojo los períodos presidenciales y el número de reelecciones posibles, o indefinidas; así como la concesión del perdón sin condiciones a los narcotraficantes y a toda clase de delincuentes por parte del jefe del Estado.

Se olvida que la sabia Constitución de 1991 se erigió para unir a la Nación en torno de la democracia y sus instituciones. En vez de sembrar las divisiones y confrontaciones que se desprenderían de esta iniciativa, la cual, como bien advierte el muy autorizado doctor Cepeda, no se sabe dónde comenzaría ni dónde terminaría. También se olvida que en virtud de nuestro actual ordenamiento jurídico se han adelantado con éxito por parte del Congreso más de medio centenar de reformas constitucionales, sin tener que desaparecerlo para darle origen a otro sin rumbo previsto. Una locura.

*Exdirector del Banco de la República y Ecopetrol y exministro de Agricultura.

Carlos Gustavo Cano Sanz

Por Carlos Gustavo Cano Sanz

Economista de la Universidad de los Andes; con maestría de la Universidad de Lancaster; posgrado en Gobierno, Negocios y Economía Internacional en la Universidad de Harvard. Fue ministro de Agricultura, director del Banco de la República y director de Ecopetrol. Actualmente es profesor de la Universidad de los Andes.
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jose ignacio lopez gonzalez(33220)09 de abril de 2026 - 02:00 p. m.
qué tan raro que ningún URIBISTA QUIERE RECONOCER que gustavo petro fué montado por la vanidad de AUV . vanidad que nos quizo demostrar por montar al inepto corrupto , y.... duque . vanidad de AUV . de nunca darle nada a los pobres , siempre más bien quitandonos. vanidad de nunca mirar a los ninguneados . y esperar que el corruptp AUV reconozca ese error ahí si apague y vamonos . porque AUV es el mismisimo diablo.
Mario Giraldo(196)08 de abril de 2026 - 07:13 p. m.
promueven la propiedad privada siempre y cuando no sea la de negros, indios o campesinos. promueven las reformas constitucionales siempre y cuando no sean las que creen impuestos a la tierra, les cobre impuestos a las mineras o le quite el negocio de las EPS y las carreteras, hablan de financiación, pero aplauden cada vez que BanRepublica sube las tasas y hace imposible pagar un crédito...
Ccdaw(0kmc6)08 de abril de 2026 - 05:21 p. m.
Quien no quiere ver y entender se queda inmóvil en su puesto. La constitución del 91 aún está en construcción, la derecha la ha modificado, incluso para bien a veces. La izquierda también debe poder.
Alvaro Arturo Clavijo Alvarez(18888)08 de abril de 2026 - 04:27 p. m.
Creo que sería difícil decirlo con más claridad.
Mario OROZCO G.(16018)08 de abril de 2026 - 04:02 p. m.
La verdad escueta que solamente no ven los ilusos seguidores de la maléfica Izquierda que, como se sabe, reparte subsidios hasta que acaban la riqueza dejada por la odiosa oligarquía y después a repartir miseria.
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