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El gran plan transformador de la fisonomía económica de la nación en el mediano plazo yace en la ocupación productiva, equitativa y competitiva de la Orinoquía, una vasta y promisoria región que abarca una quinta parte del territorio nacional y que hoy permanece mayoritariamente desaprovechada. Este megaproyecto representa para Colombia el equivalente a lo que significó el desarrollo agropecuario de Mato Grosso para Brasil durante las últimas dos décadas.
No se trata de inventar la rueda. Esta ya está marchando gracias a los pioneros del emprendimiento allí en una cadena porcícola de clase mundial; en ganadería regenerativa reseñada y reconocida por la academia internacional; en palma de aceite ambientalmente sostenible; en la producción de caucho de última generación; en reforestación maderable; entre otros rubros probadamente aptos en sus ecosistemas.
Y, más recientemente, en la integración vertical de granos con la producción de alimentos balanceados, sin duda la agroindustria más dinámica del concierto nacional, pero dependiente fundamentalmente de las importaciones de maíz y soya, en su mayor parte provenientes de Estados Unidos, Brasil, Argentina y Bolivia.
He aquí la más notable ventana de oportunidades para el país, especialmente para la Orinoquia, promovida por la Iniciativa Soya Maíz Proyecto País, originada hace cerca de un lustro en el seno de un diverso voluntariado de naturaleza privada al servicio de la comunidad, en el que hemos venido trabajando sin pausa tras dicho derrotero.
Desde el ángulo de la política pública en que se han comprometido el propio presidente De la Espriella y el vicepresidente Restrepo, bajo el liderazgo del Ministerio de Agricultura en cabeza de su titular Indalecio Dangond y sus viceministros Arturo Dajud y Leonidas Tobón, hay que destacar cinco prioridades concretas a fin de pasar del dicho al hecho, a saber: garantizar la seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra rural legitimamente adquirida; eliminar la figura de la Unidad Agrícola Familiar (UAF), el obstáculo central del desarrollo productivo de gran escala en la Orinoquía; la construcción de la vía de doble calzada entre Puerto Gaitán y Puerto Carreño; incentivar con toda la determinación la producción local de cal dolomita destinada a corregir la acidez de sus suelos; y la creación del Centro Regional de Investigación en Soya y Maíz (Cenisoyamaíz), en el marco de la Iniciativa referida en marcha. Tales prioridades deberían encabezar el próximo Plan Nacional de Desarrollo.
Finalmente, en cuanto a la formación de capital humano con el conocimiento en ciencias y tecnologías apropiadas para hacer realidad esta aparente utopía, cabe señalar el apoyo decidido del Estado al esfuerzo más sobresaliente en esta materia, adelantado por la comunidad de los hermanos lasallistas en su centro de formación en Agronomía e Ingeniería Agrícola, precisamente llamado Utopía, situado a apenas 20 minutos de distancia de la ciudad de Yopal en el departamento de Casanare.
Visitar y conocer Utopía equivale a palpar un puente ya existente, muy bien diseñado e igualmente prioritario de cara al talento humano, a fin de pasar del dicho al hecho.
*Exdirector del Banco de la República y Ecopetrol y exministro de Agricultura.
