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Vuelve y juega la inflación: la salida indicada

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Carlos Gustavo Cano Sanz
01 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Las expectativas de inflación constituyen el marcador determinante de la fijación de la postura en materia de política monetaria, por encima de cualquier otro.

En el caso de Colombia, a pesar de la senda restrictiva –y apropiada– trazada por la Junta del Banco de la República, las expectativas de inflación continúan, de manera persistente, al alza, alejándose cada vez más de la meta del 3 % anual, hoy ya superada en más de dos veces. Durante seis años dicha meta no ha sido cumplida, poniendo en riesgo la solidez del patrimonio esencial de la autoridad monetaria, que es su credibilidad.

La causa subyacente de semejante situación, lejos de ser la laxitud en el manejo de la moneda, no es otra que la insoportable presión del creciente déficit fiscal sobre la demanda agregada y, consecuentemente, sobre el nivel de precios, que ahora raya en el 8 % del producto interno bruto, el más abultado de la última centuria y de los más altos del globo. Y, paralelamente, en el endeudamiento público neto, que alcanza más de dos terceras partes del tamaño de la economía, nunca visto antes en nuestra historia reciente. No sólo raspada la olla. Sino la casa entera, saqueada.

Por ende, resultaba inevitable y apremiante un nuevo incremento de la tasa de interés de referencia del banco central. Más que justificado. Y luego, por parte del entrante gobierno, ingresar al paciente, o sea las finanzas públicas del país, a la sala de urgencias, a fin de estabilizarlo antes de intervenirlo quirúrgicamente.

Sin duda, en esa sala de urgencias, el presidente De la Espriella y su vicepresidente Restrepo comenzarán con el congelamiento de la nómina oficial, previamente a su recorte y al del tamaño desbordado del Estado. Con el restablecimiento de la impunemente violada Regla Fiscal; con el salvamento inmediato del moribundo sector mineroenergético, pilar irreemplazable de la estabilidad macroeconómica de la Nación; y, por tanto, con la cirugía profunda de la destruida Ecopetrol, sepultando la perfidia hacia la exploración y explotación de nuestros recursos naturales. Y con el despertar del apetito inversionista nacional e internacional mediante la seguridad jurídica de la propiedad y la iniciativa privadas, iniciando por la tierra rural, particularmente en la Orinoquía; con la reiteración, como ya ha empezado a hacerlo el presidente electo, de la separación de poderes, de la independencia de las altas cortes y de la autoridad monetaria en cabeza del Banco de la República. Y con el sometimiento a la justicia de los criminales protegidos y premiados por el régimen que, para fortuna y prosperidad de la patria, ha sido derrotado en las urnas.

Una vez expedidos los anunciados 90 decretos el 7 de agosto próximo, junto al propósito indeclinable de reducir el déficit fiscal a la mitad y asegurar un superávit primario de al menos 1 ó 1,5 %, las expectativas de inflación de seguro convergerán hacia el objetivo convenido por el Banco. Así las cosas, en los mercados se reflejará la restauración de la confianza de los inversionistas, los consumidores y la comunidad internacional.

Tras Al borde de la esperanza (Intermedio, noviembre de 2025), el título del premonitorio libro de José Manuel Restrepo, y la puesta en marcha de sus señales centrales acogidas en su esencia por el nuevo jefe del Estado, habremos recuperado la esperanza. La democracia liberal y las libertades estarán a salvo.

*Carlos Gustavo Cano es exdirector del Banco de la República y Ecopetrol y exministro de Agricultura.

Carlos Gustavo Cano Sanz

Por Carlos Gustavo Cano Sanz

Economista de la Universidad de los Andes; con maestría de la Universidad de Lancaster; posgrado en Gobierno, Negocios y Economía Internacional en la Universidad de Harvard. Fue ministro de Agricultura, director del Banco de la República y director de Ecopetrol. Actualmente es profesor de la Universidad de los Andes.
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