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Política digital, la gran ausente de la campaña presidencial

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Carolina Botero Cabrera
16 de mayo de 2026 - 05:03 a. m.
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En 2022 Gustavo Petro llegó con una narrativa ambiciosa sobre transformación digital, democratización tecnológica y soberanía tecnológica. Comparado con gobiernos anteriores, se esforzó por conectar la agenda tecnológica con problemas estructurales como desigualdad, desarrollo regional y transición productiva. Ese impulso inicial, sin embargo, se fue diluyendo por limitaciones de ejecución, problemas de coordinación institucional y falta de claridad regulatoria. Las campañas prácticamente no hablan del tema.

El principal logro de Petro fue elevar la tecnología a asunto estratégico de política pública. Hubo un cambio discursivo importante: la tecnología dejó de ser solo herramienta de eficiencia administrativa o un tema sectorial de telecomunicaciones y emprendimiento. Pasó a integrar debates más amplios sobre desarrollo económico, productividad y desigualdad territorial. Por eso preocupa que las candidaturas con mayores opciones no retomen esta discusión.

En conectividad hubo continuidad y algunos avances importantes. El gobierno de Iván Duque dejó un país más conectado, aunque con una deuda significativa en zonas rurales y rezagos en infraestructura. Petro destrabó y ejecutó la subasta de 5G, expandió cobertura en regiones históricamente excluidas y creó el marco legal para operadores comunitarios -relevante para democratizar el acceso en territorios donde el mercado tradicional no llega-.

En inteligencia artificial, Duque desarrolló una perspectiva de competitividad e innovación. Petro, aunque tardó en arrancar, articuló una narrativa distinta bajo la idea de “Colombia PotencIA Digital”: conectando IA, conectividad y educación digital con desarrollo territorial y cierre de brechas. Así está en la Estrategia Nacional Digital, programas de formación, alianzas público-privadas y el CONPES IA aprobado en 2025. También intentó abrir discusiones sobre gobernanza de datos, infraestructura computacional y soberanía tecnológica, incluso si muchas quedaron en etapas preliminares.

La Superintendencia de Industria y Comercio presentó una reforma razonable y necesaria a la ley de protección de datos personales, mientras Colombia mantuvo una posición visible en debates regionales sobre gobernanza de IA.

Los principales problemas del gobierno no fueron por falta de visión, sino por dificultad para ejecutar de manera consistente. La alta rotación ministerial y los cambios frecuentes en equipos técnicos generaron problemas de coordinación y continuidad en sectores que requieren estabilidad institucional y capacidades de largo plazo. La fatal desarticulación MinTIC-MinCiencias le pasó factura.

En ciberseguridad, Petro recibió un sistema desfinanciado y desarticulado, justo antes de una ola de ciberataques contra infraestructura crítica que consiguió navegar. Hubo avances, pero se requiere más liderazgo político, capacidades institucionales y visión estratégica.

Una deuda importante fue la incapacidad de materializar su promesa de una política de innovación y economía del conocimiento. El sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación continuó enfrentando problemas históricos: baja inversión en investigación y desarrollo, fragmentación e inmadurez institucional, y escasa articulación entre universidades, empresas y Estado.

La otra deuda es más llamativa: pese a que Petro fue víctima de malas prácticas de inteligencia estatal y a que durante su gobierno la Corte Interamericana condenó a Colombia por sus marcos de vigilancia, su gobierno no priorizó reformas para limitar y regular el uso de tecnología en ese sector.

Pero, a futuro, lo más preocupante no es lo que no hizo Petro, sino el vacío de discusión de esta campaña presidencial. Cuando desde las candidaturas se habla de tecnología, se centran en digitalización estatal y agendas de seguridad y vigilancia, no mencionan los grandes dilemas que enfrentará el próximo gobierno.

Colombia depende cada vez más de infraestructura extranjera, plataformas globales, servicios en la nube y modelos de IA desarrollados por grandes corporaciones tecnológicas. ¿Cómo construir capacidades nacionales sin caer ni en aislamiento tecnológico ni en dependencia absoluta?

La expansión de infraestructura computacional e IA impactará en consumo energético, sostenibilidad ambiental y empleo: La pregunta no es si Colombia adoptará IA, es ¿bajo qué modelo económico y social lo hará?

Persisten brechas entre ciudades y zonas rurales, regiones centrales y periféricas, grandes empresas y economías populares. La conectividad no basta ¿Cómo superarán la desigualdad digital que exige capacidades digitales, acceso a datos y autonomía tecnológica?

Las discusiones regulatorias sobre desinformación, moderación de contenidos, violencia digital, privacidad, vigilancia e IA aumentarán mientras crecen las tensiones con derechos fundamentales y continuarán las presiones extranjeras a través de acuerdos comerciales ¿Cómo debe actuar Colombia frente a temas como infraestructuras públicas digitales? ¿Qué mecanismos debe promover para hacer contrapeso efectivo a las precisiones del nuevo orden mundial -como agendas regionales-?

Finalmente, una política seria de ciencia, tecnología e innovación exige, como mínimo, articulación efectiva entre MinTIC y MinCiencias, y que este último supere su prolongada infancia administrativa para asumir tareas complejas -como grandes licitaciones- y otras más básicas, como implementar un comité de expertos en IA.

El próximo gobierno heredará un escenario más complejo que el de 2022. No bastará con cerrar brechas de conectividad, su reto será gobernar una transición tecnológica acelerada en medio de disputas geopolíticas, concentración corporativa y profundas tensiones democráticas.

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