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3 Mar 2022 - 5:00 a. m.

¿A dónde se nos escapó la grandeza de la Gran Colombia?

De la Gran Colombia no nos queda nada. La grandeza de lo que era nuestro fue tan efímera como la vida de una mariposa amarilla. Nuestra gran cultura, nuestro gran territorio y el gran amor por lo nuestro han ido desapareciendo con el tiempo. ¿Cuánto nos quedará en unos años?

Con el paso del tiempo nos hemos dividido en diferentes Estados, retrocediendo desde el punto de vista geopolítico. Es importante recordar que uno de los elementos más relevantes para la conformación de un Estado es su espacio. Colombia, desde el siglo XIX, ha perdido el 54 % del territorio, y con ello la biodiversidad del Amazonas ecuatoriano, recursos naturales —como el petróleo de Venezuela—, la ventajosa posición geográfica de Panamá, la ventaja marítima que perdimos con el mar de Nicaragua, etc. Pero lo más importante que hemos perdido ha sido diversidad cultural, la historia de las comunidades indígenas y el pluralismo que conlleva este conglomerado de regiones (ver “El país sin su mitad”, de Hermes Tovar, publicado en El Espectador, 2012).

Aunque hoy vemos en las redes sociales movimientos que critican el regionalismo colombiano, creo que este, aunque es bastante perjudicial para la unidad del país, aporta más que la indiferencia a la que estamos acostumbrados.

Puede sonar poco imparcial de mi parte, siendo una antioqueña enamorada de su región. Pero, desde mi punto de vista, el amor de los antioqueños hacia nuestra Antioquia querida es lo que nos impulsa como comunidad y nos hace apoyar lo local y demandar respeto por parte de nuestros mandatarios. Es imposible negar las falencias de la cultura antioqueña, y ni hablar de la idea de una Antioquia federal. Pero siento que las diferentes regiones del país se deberían contagiar de este amor, no solo por nuestras regiones, sino por Colombia y todo lo que es y significa.

Siempre pasé por mi vida pensando que estas pérdidas de territorio habían sido algo del día a día, sin darme cuenta de que al perder territorio perdimos parte de nuestra riqueza, nuestra esencia y nuestro poder. Tenemos, porque me incluyo, que priorizar la educación basada en la historia y en la actualidad de Colombia para así lograr que las generaciones que se están formando crezcan enamoradas y aprendan a apreciar y proteger nuestro hogar.

María Antonia Aristizábal Suárez

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