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Calentar el puesto de trabajo y calentar el planeta

Cartas de los lectores

26 de julio de 2023 - 09:00 p. m.

La pandemia aceleró las reuniones virtuales y el teletrabajo. Sin embargo, los empleadores se resisten a esta nueva manera de la vida laboral; quieren ver a sus empleados, que hoy se llaman “colaboradores”, calentando asiento y cumpliendo un horario. Es una cultura, la de la presencialidad, que cree que el cumplimiento laboral se mide por esas ocho horas diarias de trabajo, no importa que el trabajador no esté haciendo nada, le basta con saber que cumple un horario.

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La manera de medir la eficiencia laboral por las horas efectivas en el puesto de trabajo en un mercado laboral cada vez más informal está mandada a recoger. Los trabajadores comienzan a trabajar a destajo; es decir, por labor realizada y no tanto por horario laboral cumplido. En los mercados que han liberalizado la jornada laboral desaparecieron las horas extras para dar paso al pago por hora trabajada o por producto terminado. Es el trabajo por resultados. Algunos lo leen como una precarización laboral; otros, en cambio, afirman que permite a los trabajadores tener varios trabajos y, eventualmente, contar con más tiempo libre.

Las personas entonces cuadran sus ingresos con varios trabajos: por ejemplo, en las mañanas dictan clases de inglés virtuales; en las tardes, se ofrecen como jardineros o cuidadores de ancianos y, por las noches, separan un tiempo para traducir textos del inglés al español.

Si a principios del siglo pasado el proveedor era el hombre mientras la mujer asumió el difícil rol de la crianza de los hijos, en la segunda mitad del siglo la mujer comenzó a irrumpir en mayor número en el mercado laboral. Hoy día, para hacer una familia, se requiere que los dos trabajen y traigan ingresos al hogar. Desde el punto de vista sociológico, ¿qué cambios trae ese esquema en la sociedad? ¿Los hijos sufren la ausencia de sus padres? ¿Se requieren más personas que apoyen su acompañamiento?

Muchos trabajos —públicos y privados— se realizan todo el tiempo detrás de una pantalla de computador. Pero los empleadores exigen que estén presentes en su puesto de trabajo. ¿Cuáles serían los efectos sobre la familia si se cambiara esa cultura presencial? ¿Cuáles serían los efectos sobre el medio ambiente si se dejaran de desplazar todos los días tantas personas a sus puestos de trabajo, en lugar de cumplir los resultados esperados desde su casa?

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Esto traería impactos negativos para otros actores: se venderían menos corrientazos, se comprarían menos tiquetes de Transmilenio. Vale la pena evaluarlo: los beneficios que traerían a los hijos tener a sus padres en casa, y para el medio ambiente una movilidad diaria menos masiva, menos invasiva, por los trancones y la contaminación. Tal vez se necesite ese cambio cultural: medir la eficiencia del trabajador por resultados y no por horas trabajadas; medir los beneficios colectivos. Tener indicadores que midan la mejoría en la calidad de vida, individual y colectiva. Vale la pena analizarlo.

Sergio Roldán

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