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Carta abierta a mis colegas médicos:
Ojalá el gremio de la salud fuera igual de unido y solidario cuando nos pagan a seis meses, nos reducen las tarifas sin explicación, nos cancelan contratos por favores políticos o por conveniencia de colegas que explotan a otros, como lo somos cuando este presidente —desconectado de la realidad, con arrogancia clasista, afán de dividir y de ofender— afirma, sin comprender el esfuerzo diario que implica ser médico o trabajador de la salud en un sistema hostil, que no atendemos “pobres” porque estamos tomando tinto en El Poblado o en el Parque de la 93. ¿No será, señor presidente, que las condiciones mínimas de trabajo y seguridad no están garantizadas en muchos de los lugares donde más se nos necesita?
Nosotros, como gremio, no deberíamos quedarnos en lo superficial de subir una foto y un hashtag para probar que sí trabajamos. Hagamos que esta indignación momentánea —que sí nos moviliza a compartir imágenes y “defender el honor” en redes— se convierta en un punto de inflexión. Porque casi nunca nos impulsa a alzar la voz por lo que realmente nos afecta: la precarización estructural de nuestra labor, la sobrecarga, el abandono institucional y la culpa que se nos impone por las fallas de un sistema roto.
Ojalá esa misma energía colectiva se mantenga firme y constante; que no miremos a otro lado cuando un colega sufre, cuando uno de los nuestros es maltratado o silenciado. Que esta sea, por fin, la chispa de una verdadera unión para exigir —con dignidad y con fuerza— las condiciones que merecemos y que nuestros pacientes merecen.
Y sí: también tenemos —o deberíamos tener— la libertad de tomar tinto donde queramos, sin que eso sea usado como excusa para atacarnos ni como símbolo de abandono de nuestra función social. Hacerlo no es clasismo; es ejercer un derecho básico en una sociedad libre. Defender nuestra dignidad profesional también incluye defender nuestras libertades.
Jaime Andrés Leal Camacho, ortopedista y traumatólogo, magister en Educación Médica.
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