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SOS por Venezuela
A propósito del editorial del 30 de julio, titulado “Todo apunta a un gran fraude en Venezuela”. El ambiente de funeral es lo que se respira tras la tragedia anunciada y conocida anoche, casi a la medianoche, acerca de los resultados electorales en la hermana república.
A pesar de que era de esperarse, ¿qué podría hacer pensar, a la luz de la razón, que el régimen corrupto, trapacero y miserable, con semejante andamiaje de corrupción construido durante tantos años, entregaría el poder tan fácilmente, solo obedeciendo a la manifestación de la mayoría expresada en el voto? Se requiere algo más que ingenuidad. Se preveía en la alocución de Diosdado, Jorge Rodríguez, Padrino y la cúpula militar, en el llenado paulatino y soterrado para celebrar, por los partidarios del régimen, en las afueras del palacio de gobierno. Insisto, a pesar de que esto se veía venir, la consumación de la trampa sumerge en la desesperanza más grande.
Ahora, tras el rasgamiento de vestiduras, creo que al pueblo de Venezuela le queda un único camino con el cual reivindicar sus derechos. Como en todas las grandes encrucijadas de la historia, en tantas gestas emancipadoras que para llegar a buen puerto han incluido una dosis de sacrificio y una cuota de sangre, a pesar de lo lejos en el tiempo de su ocurrencia; al pueblo de Venezuela le corresponde exigir su pago. Recuerdo mis años universitarios y el coro de los estudiantes en las marchas: “Los derechos de los estudiantes no se mendigan, se exigen o se arrebatan”.
No son los Estados Unidos, ni la OEA, ni ningún país. Hasta la saciedad está demostrado en todos estos años que eso no sirve de nada. El dictador y su corte de malhechores se burlan de esto y solo entenderán la razón de un pueblo embravecido y actuante. ¡Arriba Venezuela, por sus derechos!
Nicodemus Fernández
Precisiones sobre Venezuela
Su editorial del 2 de agosto, titulado “La prudencia no puede llegar hasta la complicidad con la tiranía”, no ayuda a la solución pacífica ni a evitar, o por lo menos reducir, la violencia y, por ende, la violación mayor de los derechos humanos; entre otras razones, por las siguientes, expuestas por algunos internacionalistas reconocidos y por la propia Cancillería:
1) Hasta conocer las actas (entendiendo que no hay ninguna seguridad de que esto ocurra), es inocuo y ligero proclamar un ganador sin la absoluta certeza demostrable, aunque haya razones para afirmarlo.
2) El argumento sobre la OEA no es válido; primero, porque Almagro ha dicho que hay que ir contra Maduro (¿cuál imparcialidad?); además de la ineficacia histórica de este organismo. Por otro lado, no se puede acorralar a Maduro y su séquito, aislando a Venezuela y dejando a su pueblo en manos de un mandatario violento e irracional.
Irma García
