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Cartas sobre el oratorio del aeropuerto El Dorado y el gobierno Petro

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14 de septiembre de 2022 - 05:00 a. m.
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Sobre el oratorio del aeropuerto El Dorado (I)

Me parece que, siendo católica la gran mayoría del país, era necesario respetar ese espacio y abrir otros a las minorías de otras religiones. Hay suficiente espacio en el aeropuerto. Es una falta de respeto y una ofensa a los católicos que se quite este espacio.

José Giraldo

Sobre el oratorio del aeropuerto El Dorado (II)

Me parece bien que hayan convertido el oratorio, que era exclusivo para los de la religión católica, en un espacio de reflexión neutral. Como ustedes bien dicen, se estaban demorando.

¿Por qué las personas que protestaron pacíficamente no pueden compartir su espacio con otras personas que tienen creencias diferentes? Ahí se están contradiciendo. ¿No se supone que todos somos hermanos, hijos de Dios? Pues que lo practiquen. Se quejan porque en muchos lugares del mundo la religión católica es perseguida. ¿Entonces por qué actúan de manera similar contra quienes los persiguen?

Flor María Quintero

Se les fueron las luces

Se le fue la luz al presidente Petro con su salida en falso, interviniendo indebidamente en la política interna de Chile, al comentar la aplastante derrota de los promotores de una nueva Constitución Política para ese país.

Se le fue la luz al senador que nuevamente tuvo un comportamiento que amerita la pérdida de su investidura, en esta ocasión por su borrachera, irrespetando a la policía y a ciudadanos al servicio de una empresa hotelera de naturaleza privada en Cartagena.

Se le fue la luz, nuevamente, a la señora ministra de Minas y Energía al invadir terrenos ajenos a su formación profesional, esta vez proponiendo a terceros países modificaciones a sus modelos económicos.

Se le fue la luz al señor ministro del Interior al invitar a una marcha de respaldo a la reforma tributaria.

Se le fue la luz al embajador ante Venezuela, Armando Benedetti, al actuar festivamente en su encuentro con Maduro, despiadado dictador, sin comprender el embajador que, con su conducta, tácitamente apoyó a ese bellaco.

Fernando Martínez Rojas

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