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Soy ciudadano colombiano, campesino nacido en el páramo más grande del mundo, el páramo de Sumapaz, en un hogar católico y liberal. Pasé mi niñez en la vereda El Tendido del municipio de Pasca (Cundinamarca), de donde fuimos desplazados por los Chulavitas durante la violencia política de los años 50 del siglo pasado.
Por esta circunstancia me tocó comenzar a trabajar muy temprano. Por misericordia de Dios me vinculé con multinacionales y como su empleado me correspondió administrar sus negocios en los siete departamentos de la Costa. Esa situación me permitió conocer la patria chica del presidente Gustavo Petro, Ciénaga de Oro. También conocí Zipaquirá, ciudad donde él cursó sus primeros estudios, y seguí su trayectoria política y vocación de servicio. En principio no voté por Petro porque me daba la impresión de arrogancia por su juventud. En las pasadas elecciones para presidente sí lo hice porque su hoja de vida me pareció intachable y estoy seguro de que así se mantendrá.
Llegando ya a mis 85 años de vida, he sido testigo de tantas injusticias por la desigualdad y la violencia implantada por el narcotráfico a sus anchas, pues sabemos que produce dinero mal habido por toneladas que corrompe las más férreas conciencias. Algo que incluso hemos visto elevado al cine y la televisión en series como Escobar, el patrón del mal y otras.
Ante esta situación me pregunto, como estoy seguro de que lo hacen miles de conciudadanos: ¿dónde está la soberanía del Estado?
Soy suscriptor de El Espectador, periódico que a finales del año pasado sugirió a sus columnistas que podían escribir cambiando de opinión, aspecto que me parece interesante. Estuve de acuerdo con las columnas de ese especial de Mauricio García Villegas sobre el posmodernismo y de Nicolás Rodríguez sobre el Plan Colombia, en su edición del 9 de diciembre. Lamento, sí, que ningún columnista haya cambiado su opinión antipetrista a priori, que tanto daño le hace al país.
Hacia el señor presidente, sentimientos de consideración y respeto.
Leovigildo Micán Morales. Bogotá.
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