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Colombia, el país sin propiocepción

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14 de noviembre de 2022 - 05:00 a. m.
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La propiocepción, según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), es la capacidad de un ser vivo de percibir inconscientemente los movimientos y la posición del cuerpo, independientemente de la visión. Si se sirve de la metáfora para definir a Colombia como un gran ser vivo, formado por territorios en lugar de extremidades, población en lugar de nervios y Gobierno en lugar de cerebro, sería posible argumentar que el país carece completamente de la capacidad de propiocepción. La pérdida de casi el 54 % del territorio con sus vecinos desde la Independencia demuestra que Colombia es absolutamente insensible ante el cercenamiento de su integridad territorial. La población (nervios) no se indigna ni se muestra combativa ante tales ofensas (incluso con la más reciente del fallo de San Andrés, en plena era de la información, cuando toda la población colombiana se enteró); el Gobierno (cerebro) se muestra incompetente y desinteresado por sus territorios (desde el ámbito diplomático, siendo siempre pasivo en sus procesos de litigio territorial, y desde el ámbito sociopolítico, al no marcar su presencia en todos los territorios nacionales).

¿A qué se debe lo anteriormente mencionado? Una potencial explicación podría ser la inexistencia de un modelo geopolítico que tase y asigne un valor y una identidad característica a cada territorio. No puede doler aquello que no se conoce y en Colombia se conoce muy poco o nada de su espacio. Por lo tanto, es imperativo un modelo en el cual se pueda entender y divulgar la posición de todas las zonas del país y la posición de Colombia misma en el continente, de manera que se tenga una agenda nacional en temas de política territorial y diplomacia para usufructuar y hacer respetar mejor todos los lugares del territorio. Un modelo como el de Mackinder (teoría del Heartland) o el americano (posición de isla, seis zonas estratégicas y visión panamericanista), donde se dividen y definen los territorios dentro y alrededor de un país, podría ser una guía muy valiosa para precisar una versión centrada en Colombia, creando un entendimiento del espacio más simple de divulgar para toda la población que la disección minuciosa de cada lunar cartográfico del país (que, aunque también es importante, no es accesible para el ciudadano de a pie, no despierta interés en el pueblo no académico). En conclusión, es menester definir barreras naturales y no naturales, puntos críticos, centros de interés estratégico en lo político, económico, militar y ambiental, de manera que haya una Colombia consciente del espacio que pueda establecer políticas sociales, militares y económicas acordes a su realidad.

Daniel Alejandro Ortiz Ossa.

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