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Considero que esta casa editorial difunde a nivel nacional y mundial una información veraz y confiable. Lo hace aplicando equidad, objetividad e imparcialidad con un excelente grupo de periodistas eruditos en la materia de las comunicaciones. En especial, trata el fenómeno de la corrupción y la crisis de valores que han permeado los más altos intereses de nuestro pobre y abnegado país, creando situaciones de exclusión e injusticia. Es incalculable la cantidad de recursos que se han dilapidado desde tiempos inmemorables en detrimento de la satisfacción de las necesidades de la población. Sin embargo, el problema grave y de fondo también tiene que ver con la ausencia de la comunidad en espacios de participación, como un mecanismo efectivo en el control de lo público, ya que los entes de control que constitucionalmente están establecidos son nefastos y desde luego son manejados a su amaño por el gobernante de turno. Nuestro país requiere medidas de choque urgentes contra la corrupción. Y se dice ambiente ideal para ella porque, además de poseer unas instituciones no propiamente sólidas para contrarrestar el flagelo, no cuenta ni ha contado con gobernantes y administradores lo suficientemente capaces y honestos para combatirlo eficazmente; al contrario, estos se han caracterizado por dejar que tomen en uno u otro sentido cada vez más fuerza y se generalicen prácticas propias del género corruptivo.
Por último, no se sabe si los candidatos a reemplazar al actual gobernante y los elegidos para ocupar las sillas en el mal llamado Congreso de la República son comediantes al decir en sus discursos veintejulieros que piensan acabar con la corrupción a como dé lugar, pero no dicen cuál es la fórmula real y efectiva contra este horroroso y monstruoso flagelo para poderlo erradicar de por vida. Hay una sabia frase apócrifa —atribuida erróneamente al gran novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India George Orwell— que hoy en día cobra vigencia: “Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores no es víctima, es cómplice”.
P. D. Quien escribe es suscriptor desde hace unos años y asiduo lector de los excelentes editoriales que a diario saca el periódico.
Jorge Isnardo Rodríguez Serrano.
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