¿Somos adictos al móvil?
Ya no nos impactan los avances tecnológicos, sino que los recibimos y los integramos en nuestra vida de forma orgánica, como si no pudiera ser de otra manera. La conectividad global, el acceso a la información y a la comunicación instantáneas que nos permiten los smartphones han transformado nuestra vida como sociedad de maneras inimaginables hace unos años.
Revisar nuestras redes y mensajes es lo primero que hacemos al despertar y lo último antes de dormir. Y nos sentimos intranquilos cuando variamos esa rutina. Somos absolutamente dependientes de estos dispositivos y ni siquiera comprendemos los efectos de esta adicción en la salud mental y el bienestar de las personas. La adicción al móvil es un fenómeno cuanto menos preocupante, que nos lleva a una desconexión con el mundo real y afecta nuestras relaciones interpersonales. A medida que crece nuestra dependencia, aumentan problemas como la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño. ¿Coincidencia o casualidad?
Sea como fuere, es responsabilidad nuestra como individuos y como sociedad, al menos, reflexionar, porque cuando hablamos de adicciones hablamos, inevitablemente, de salud mental.
Cristina Benítez, Llucmajor, Islas Baleares (España)
Un titular ofensivo
Despreciable el título de la columna del 16 de abril de Felipe Zuleta Lleras en El Espectador. “La doctora muerte” es para él la médica psiquiatra Carolina Corcho, una mujer de la que debería sentirse orgulloso este país que con razón no pocos denominan “un platanal”, o algo peor. El columnista descarga su odio visceral por todo lo que signifique cambio y reivindicación de los derechos de los excluidos y explotados de la desigual y corrupta sociedad colombiana.
Néstor Miranda
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