Publicidad

De lo urgente a lo fundamental

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Cartas de los lectores
07 de febrero de 2022 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Estamos, como el semestre pasado, en medio de la pandemia del coronavirus, ahora con contagios más acelerados por la variante ómicron, y vamos, al parecer, camino a una emboscada de contagios masivos en las instituciones escolares. Estaremos expuestos a que el COVID-19 nos diga: “¡Ríndanse, que están rodeados!”. Solo en ese momento saldremos con las manos en alto, pero con muchos lesionados y, Dios no lo quiera, con bajas en vidas por la premura de nuestros administradores de garantizar la educación para todos, mandándonos a un aforo total del 100 % en un país donde muchas instituciones rurales y aun urbanas, en barrios periféricos, dan grima por no tener agua ni servicios higiénicos mínimos.

Aclaro, por si acaso, que meter la escuela nuevamente en los hogares no es una opción y que la presencialidad es inevitable. Más ahora cuando tenemos la oportunidad de oro de instalar una escuela que de cuando en vez da señales de vida —asemejándose a un barquito de papel navegando en medio de un diluvio de plomo—, a la altura de los retos que demandan el mundo y la sociedad en el futuro inmediato.

Pero volver a la topa tolondra todos sin excepción al mismo tiempo y de la misma manera con poco espacio, como si nada estuviera pasando, no es de buen recibo. En este sentido, lo pertinente sería que los establecimientos públicos tuvieran un margen de maniobra para garantizar la presencialidad minimizando el riesgo de contagios en lo posible. Cifras más, cifras menos de estudiantes por salón. Sin embargo, aunque es urgente, no es lo fundamental del asunto.

Lo importante sería, en el caso de Bogotá, que la Secretaría de Educación dé las coordenadas de navegación pedagógicas para mover las escuelas, pensando que la meta “es transformar la educación para que las nuevas generaciones de bogotanos puedan ser felices, buenos seres humanos, y que la capital del país responda a los nuevos desafíos productivos, ambientales, sociales y al autocuidado de la ciudad y su región”, como lo estableció la misión de educadores y sabiduría ciudadana como carta de navegación hasta el 2024, pero también para el 2030. Dicha misión, como su nombre lo indica, no es de funcionarios ni de contratistas especializados, sino para que los educadores y demás comunidad educativa lo acojan en su sabiduría, y no se quede en la órbita del sistema escolar sin pasar al sistema educativo (maestros, estudiantes, padres, etc.).Debemos aprender de la experiencia y ya tenemos el antecedente de la misión de sabios de la década de los 90 del siglo pasado, encabezada por García Márquez, que nos advirtió en esa ocasión que en Colombia vivimos en dos países a la vez: el del papel y el de la realidad.

Si de veraz la alcaldesa de la ciudad y su Secretaría de Educación pretenden ser vanguardia en educación, tendrían que ponerse en una relación de igualdad ante educadores y ciudadanos, y no tomarnos como convidados de piedra, porque nos convocan como sabios y nos interpelan como obreros.

De todas maneras, desde los pequeños lugares estamos dispuestos a tejer el hueco dejado por los estragos de la pandemia en la vida psíquica y social de los estudiantes, navegando a la deriva, pero en estado de alerta, porque la pandemia aún ronda y amenaza con colarse por los vericuetos, pasillos y ventanales de las escuelas.

Al parecer, otra vez, quedaremos solos luchando contra molinos de viento, pero tenemos la esperanza de hacer germinar las primeras semillas, aunque la cosecha demore.

Alonso Ramírez Campo

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.