13 Oct 2021 - 5:00 a. m.

Dos cartas sobre el asesinato de líderes ambientales y la inseguridad en Bogotá

La perversión del lenguaje también nos pervierte

“Colombia, líder en asesinatos, duda de Escazú”. No tengo la menor duda sobre lo que quería decir su editorial del 14 de septiembre y su planteamiento; es más, lo comparto, pero usar la palabra “líder” para calificar que estemos a la vanguardia en asesinatos es una revelación muy diciente.

Está todo tan pervertido que hasta el lenguaje de quienes representan y abogan porque haya resultados en temas concretos que comprometen nuestro presente y nuestro futuro —no solo como humanos, una especie más que habita este planeta, sino de todas las especies— está contaminado, como contaminados estamos todos luego de decenios de violencias que nos han lanzado los unos contra los otros desde todas las instancias.

No solo es la muerte, con su derramamiento de sangre, sino la negación de la vida misma. Eso es, en concreto, no ratificar el Acuerdo de Escazú con argumentos tales como que está contemplado en la legislación colombiana, la misma que no se aplica pero que conviene tener en letra, porque ese es otro de nuestros problemas: si está escrito existe, aunque no se ejecute. Así somos.

“Líder” viene del inglés y, me remito a la RAE, se traduce “guía”. Líder le decimos a quien va a la cabeza de un equipo, una organización, un país, un movimiento, una causa; como los 65 líderes ambientales asesinados. La connotación es positiva. A menos que hablemos del líder del mal y especifiquemos de qué se trata.

Así que usar la palabra “líder” para decir que estamos a la cabeza de los asesinos de defensores de la tierra no es sino una perversión del lenguaje que revela cuánto ha calado en nosotros vivir en una cultura de la muerte.

Admiro las posiciones claras de El Espectador en muchos temas e invito al editorialista y también a los editores y periodistas a detenerse más en el alcance de algunas palabras y sus contextos. Vivimos tiempos en que terminamos atrapados, aunque no nos demos cuenta.

Marbel Sandoval Ordóñez.

Atracos masivos

Nunca en la historia habíamos presenciado las dantescas escenas de cruentos atracos a los desprotegidos ciudadanos.

Bandas organizadas de delincuentes, en moto, se dedican no solo a robar sino a disparar a los asombrados y desprevenidos caminantes y clientes de establecimientos públicos. Aparte, los jueces liberan a los criminales capturados.

Cuando la alcaldesa habló de registrar y tener un archivo de datos de los extranjeros en Bogotá, se vinieron lanza en ristre contra ella. Estamos en Ciudad Gótica y el Guasón sigue suelto.

Óscar Javier Ferreira Vanegas. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Temas relacionados

Cartas de los lectores
Comparte: