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El metro que necesita Bogotá

Cartas de los lectores

09 de abril de 2024 - 04:00 a. m.

Con respecto al editorial del 20 de marzo titulado “El alcalde tiene razón, ni un paso atrás con el metro contratado”, el cual versa alrededor del tan politizado por décadas proyecto del metro de Bogotá, es preciso hacer un análisis racional de lo que debe de ser un sistema de transporte masivo para una urbe como esta. Hace tres décadas una concejal de Bogotá citaba los términos elogiosos en los que una organización de cooperación internacional se refería a la avenida Caracas de Bogotá, en cuyo separador crecían grandes especies vegetales que contrarrestaban la contaminación atmosférica y en cuyo entorno la vivienda y las actividades comerciales se desarrollaban con relativa regularidad. Vinieron luego una primera troncal y otra más pesada como agresiva que subsiste.

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Los efectos nocivos tanto estéticos y ambientales como económicos de estos sistemas de transporte han sido desastrosos, pese a que en su momento sus promotores los mostraron como “soluciones” menos costosas, que como se ha visto han sido costosos paliativos. El proyecto del metro elevado, aunque virtualmente de superficie por todo cuanto implica, en marcha, ha sido propuesto, curiosamente por el mismo promotor del sistema en funcionamiento como “complementario” del primero (?) y que fue adjudicado faltando numerosos diseños y planes complementarios, esto sin contar por dónde va a circular el tránsito que difícilmente por allí discurre, ni los efectos ambientales, ni mucho menos estéticos, y sobre el entorno urbano que este podrá tener principalmente en la altamente deteriorada y vulnerable área central, donde pese a renders y a animaciones que idealizan al proyecto, haciendo cálculos reales, como recorriendo con detenimiento el trayecto con sus áreas anexas, no convencen.

Como se verá, de este proyecto del que faltan tantas piezas como planes conexos, no puede hablarse de algo seguro, pues como se verá, y rogando que así no suceda, costará más de lo contratado inicialmente, y al haberse propuesto desde un ángulo eminentemente político, lejano del racional, requerirá nuevos planteamientos que conducirán a proponer nuevas líneas muy posiblemente subterráneas.

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Para confirmarlo, se insiste en mantener el proyecto elevado en el tramo crítico, mientras que para la segunda línea que a toda prisa buscaba adjudicarse en la administración anterior, y en un trayecto sobre sectores geológicamente menos consistentes y con grandes vacíos sobre cómo se podrán enlazar las dos líneas con desniveles tan grandes, se propone sea subterráneo. ¿Por qué?

Gustavo Alberto Rodríguez, arquitecto e historiador

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