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El Pacífico colombiano es privilegiado por la naturaleza, reúne una de las mayores biodiversidades del planeta, rico en recursos hídricos y vegetales, y su clima tropical lo hace propicio para el descanso y los deportes de mar y selva. En medio de escenarios muy hermosos, todos naturales, se conjugan la majestad del mar, la selva exuberante y tropical, las playas de arena, el sol canicular y la tranquilidad del bosque, espectáculo natural de belleza y tranquilidad. Hay que lograr un turismo biodiverso y sostenible, que sirva de espacio para el descanso y la comunión con la naturaleza, un turismo que preserve el medio, que no acabe la selva ni contamine el ambiente, con un modelo de arquitectura para el trópico húmedo.
Nunca he dudado de las bondades del Pacífico para un turismo sostenible con participación de la comunidad. Hay que crear programas basados en economías locales que tienen la ventaja de aprovechar los recursos del territorio, de hacer partícipes de la producción a los nativos, para que parte del excedente económico se quede en el territorio y genere bienestar. Se debe mantener una política sustentable del medio ambiente y articular las líneas de producción cualitativas y del talento humano, como las artes, el folclor, la danza, la pintura y la escultura, porque esta tierra de grandes artistas tiene otra posibilidad económica: las artesanías de los pueblos ancestrales. Los territorios del Pacífico deben aprovechar los recursos que por siglos han sido saqueados y ahora serán puestos al servicio del conocimiento de esta región, con la mano de obra tan hábil y las destrezas tan valiosas como son las de los artistas. Hay que pensar en proyectos de desarrollo regional que impacten en la calidad de vida territorial.
El Pacífico puede hacerlo con tres megaparques, el primero en la zona norte, con epicentro en Bahía Solano y la ensenada de Utría; el segundo con una alianza entre Buenaventura y Nuquí, para turismo de río, y el tercer parque en Tumaco, un sistema integrado receptor de turismo internacional. Sería un modelo de empresa de economía local con articulación internacional, con participación y acompañamiento, hasta la consolidación de los proyectos, del Gobierno nacional, los gobiernos locales, la empresa privada y los pobladores como socios dueños del territorio y quienes trabajarán en la gestión del proyecto y atención a los turistas. No hay que esperar más; si no lo hacemos, otros lo harán. Manos a la obra, ahora que hay entusiasmo.
Jesús Glay Mejía N. Profesor titular jubilado, Univalle.
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