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Mientras el meteorito se acercaba a la Tierra y todos los dinosaurios corrían intentando encontrar un refugio, el tiranosaurio miró el meteorito y rugió con todas sus fuerzas; eran, al fin y al cabo, los gigantes e inteligentes depredadores que habían logrado dominar el territorio a finales del periodo Cretácico hace unos 65 millones de años aproximadamente.
El tiranosaurio tenía la confianza, tenía la fuerza, pero sobre todo, a pesar de su inteligencia, no entendía qué era lo que estaba pasando. No entendía la gravedad de lo que se avecinaba. Tampoco sabía cuáles serían las consecuencias. Al final, todos los dinosaurios, con sus tamaños majestuosos, desaparecerían, tanto los que corrieron a buscar refugio como el tiranosaurio que se enfrentó con todas sus desperdiciadas últimas fuerzas a un cambio que no podía evitar.
Hoy, como hace unos 65 millones de años, existen unos gigantes inteligentes y depredadores que dominan sobre la Tierra y rugen con todas sus fuerzas contra una realidad que no entienden y que no pueden detener.
El mundo está cambiando, no es un meteorito lo que se avecina, son las consecuencias del cambio climático, tan devastadoras para el planeta y para quienes lo habitan como lo que extinguió al tiranosaurio y a todos sus coterráneos.
Escucho rugir a esos dinosaurios, escriben y opinan en los medios y en sus círculos sociales. Los rugidos son intensos y dedican todas sus fuerzas a difundir sus mensajes. No entienden que simplemente no hay nada que ellos puedan hacer. Sin embargo, yo sí los entiendo un poco. Debe ser muy difícil aceptar que las cosas no son como crees y que todos tus valores ahora son antivalores, que ya no serás más el dueño del mundo.
Los jóvenes y la cultura que despierta entienden que esta Tierra es de todos y no de unos tiranosaurios. El despertar o la obtención de conciencia de la cultura actual comprende que hay conceptos que no son más que construcciones sociales, aunque durante muchos siglos se consideraron inexorables valores humanos.
El desenlace de esta toma de conciencia cultural será la total destrucción del mundo como hasta hoy lo conocemos y la nueva construcción de una sociedad con espacio, esperanzas y oportunidades para todos. Es un meteorito que no se puede frenar.
Este despertar cultural tiene como objetivo final mitigar y eventualmente reversar las consecuencias del cambio climático, transformando los modelos económicos que persisten y que son los que les dieron la posición actual a quienes hemos metafóricamente llamado tiranosaurios en este escrito.
Ellos son los que rugen, pero se van a extinguir.
María Cristina Navarro.
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