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El valor del amor en la familia de hoy

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20 de mayo de 2024 - 05:00 a. m.
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Sea cual sea el tipo de familia: tradicional, moderna, sin hijos, con “hijos peludos” o como se quiera llamar, la institución sigue siendo eje de la sociedad. La vida es más fácil de sobrellevar o de disfrutar si se cuenta con una red de apoyo. No obstante, la forma en que se ve esa relación de la familia con la sociedad y dentro de ella ha venido cambiando.

Muchos factores han contribuido al cambio de estructura, de reacciones, de respuestas ante las eventualidades que se viven. Uno de ellos es el consumismo. Estamos en una sociedad que responde mejor ante los cambios cuando se cuenta con dinero. Por ejemplo, en la pandemia tanto las sociedades más desarrolladas como las familias más solventes pudieron superar de mejor manera ese período difícil y doloroso.

El dinero ayuda a superar dificultades, mas no quita el dolor de una enfermedad o de una pérdida familiar. En cambio, un abrazo sincero, unas palabras de aliento que salen del alma o simplemente escuchar nuestros lamentos, sin recriminar ni juzgar, es mucho más valioso.

La familia, por naturaleza, es el lugar idóneo donde se incuba y desarrolla el valor de la amistad, del amor fraternal y filial, entre padres e hijos, hermanos y demás parientes. Si se cultivan las relaciones afectivas sinceras y se refuerza la red de apoyo, la familia es, por tanto, la mejor fortaleza contra las dificultades y el eje que sostiene a la sociedad.

Hoy, tristemente, se observa cómo muchos jóvenes, en su afán de tener lujos o de aparentar ante sus “amigos”, exigen a sus familiares que les satisfagan sus antojos y si no lo hacen se enojan y dejan de hablarles. No les basta el techo, educación, alimento y vestuario. Olvidan el apoyo sincero en las dificultades. Aun siendo mayores de edad quieren seguir viviendo en la casa familiar sin aportar o haciéndolo a regañadientes, sin ayudar con el orden y aseo, sin siquiera hablar con los adultos mayores, pero sí exigiendo que les den para salir a pasear o para pagar sus deudas debido a que no saben manejar “su dinero” ni quieren que se les ayude en ello.

Por eso, el llamado a los jóvenes es que recuerden que los padres, hermanos mayores, tíos, abuelos, etcétera, no son figuras decorativas o proveedores o alcahuetas de sus caprichos. Más allá de que nos ayudemos en algún momento en aspectos económicos, cuando se puede, lo verdaderamente importante es el amor, el respeto, el apoyo emocional, el escuchar y aportar al crecimiento de cada uno desde una visión constructiva, que ayuda, que beneficia y potencia las capacidades.

Juan Andrés Sandoval Herrera

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