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“¡Es la economía, estúpido!”, se convirtió no solo en el eslogan no oficial de la campaña Clinton durante la contienda electoral estadounidense de 1992, cuando el candidato demócrata derrotó al republicano Bush padre, sino también en una de las frases políticas más famosas de la historia. Hoy por hoy es muy común que cientos de analistas y periodistas a escala global utilicen o adapten esa popular frase para explicar fenómenos políticos que suceden en diferentes partes del mundo.
Es el caso de Colombia, en donde la palabra “economía” de la frase original se podría remplazar por “régimen político” para explicar por qué el presidente electo Gustavo Petro se posesionó el domingo 7 de agosto con un Congreso de mayorías al que muchos se han atrevido a bautizar como una verdadera “aplanadora legislativa”.
Para algunos es muy sorpresivo que el primer presidente de izquierda en toda la historia republicana, tan resistido y cuestionado durante su campaña electoral por los sectores que antes eran afines al gobierno Duque, lograra conformar mayorías parlamentarias con sectores políticos tradicionales, los mismos que hace algunos meses aseguraban que si Petro ganaba se podría generar un riesgo para la estabilidad económica de Colombia.
La razón que explica esta situación, en términos de la famosa frase de la campaña Clinton, es muy clara: “¡Es el régimen político, estúpido!”. Y lo es por una razón sencilla: el régimen lo integran actores con influencia en el sistema político, capaces de hacer tangible la acción de un gobierno.
Por eso, a diferencia de lo que muchos creen, Petro no arriba al poder presidencial con total autonomía, porque sus planes legislativos están sustentados en el régimen político, donde los actores legislativos que lo conforman, la mayoría de ellos jugados hacia el régimen de élites, tendrán un fuerte peso en el diseño y la implementación de las agendas políticas del próximo gobierno.
En efecto, el gobierno Petro contará durante este primer año de romance legislativo con un régimen parcialmente integrado que podría resquebrajarse en cualquier momento y hacer muy lentas las reformas que él propone si los actores que lo componen no ven satisfechas sus demandas burocráticas. No es cierto que Petro llegue a su posesión con una aplanadora legislativa, sino con un apoyo parcial y una amenaza permanente de ruptura.
Andrés Duque Gutiérrez. Medellín.
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