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3 Feb 2022 - 5:00 a. m.

Inquietudes sobre la vacunación

Entre todas las vicisitudes de los colombianos en esta época de COVID-19 está, sin duda alguna, la forma del gobierno de tomar decisiones sobre la vacunación. Todos fuimos remitidos a nuestras EPS, o a otras entidades de salud para quienes no tienen EPS. En una primera instancia, las primeras vacunas de Sinovac fueron destinadas para la población mayor de 80 años. Y allí empezó el viacrucis para quienes pertenecemos a ese grupo etario. Unos fuimos remitidos a una determinada dirección —en el caso de Sanitas eso era en Movistar Arena—, otros a direcciones más alejadas de su domicilio, y todo sin apelación. Evidentemente, a nadie se le había ocurrido que en la población más vulnerable, i.e. adultos “mayores”, era desaconsejable remitirlos a lugares lejanos que supusieran largos tiempos de transporte y, quizás, estar en contacto con personas ya contagiadas. Y que era casi imposible que dos “ancianos” tuvieran que ir en la misma franja horaria a sitios tan alejados como Movistar Arena y el Portal de la 80. Sin apelación.

Pero para agravar la situación, hay países, entre ellos Francia y quizás otros de la Comunidad Europea, que no reconocen sino ciertas vacunas y entre esas NO está la Sinovac. No había forma de obviar este problema para quienes tuvieran una necesidad imperiosa de viajar a Francia, por ejemplo. La solución costosa e innecesaria consistió en invertir una suma de dinero alta para obtener una vacuna en otro lugar del mundo que no fuera Colombia, como una vacuna J & J en Estados Unidos. Ya para ese momento habían llegado vacunas Pfizer y Moderna a Colombia, pero reservadas a otros estratos de la población, a los trabajadores de la salud, muy correctamente, y a personas con acceso a esas vacunas como los altas esferas del Gobierno.

Pero aún allí hay una inconsistencia. En Colombia no había o no hay mecanismo efectivo para registrar vacunas aplicadas por fuera del país. Intenté registrar nuestra vacuna J & J en Sanitas. La persona que nos atendió lo quiso hacer, pero no había mecanismo para registrar dicha información.

Ahora, para el tema del refuerzo de la vacuna contra el COVID-19. Todos están de acuerdo en que se necesita una tercera dosis. Todos recomiendan que, para quienes hayan recibido la vacuna Sinovac, el refuerzo debería ser Pfizer o Moderna. Colombia ya empezó a aplicar el refuerzo, pero las EPS, al citar a sus afiliados, mencionan la hora de la cita, pero no la vacuna que va a aplicarse. ¿Por qué tratar a los colombianos como si fueran menores de edad? ¿Por qué no dar información sobre cuál será el refuerzo? ¿Por qué no consultar la hora de la cita? ¿Por qué no permitir a personas que viven bajo un mismo techo acudir al mismo centro de vacunación? Todo es innecesariamente difícil, todo es sin consultar a quien va a recibir la vacuna y todo es dictatorial. No se recibe información al respecto ni en la EPS ni en las páginas del Gobierno sobre vacunación.

A todas estas, y ante el caos absoluto, los colombianos que han podido hacerlo han viajado a Estados Unidos para recibir la vacuna en primera instancia o en refuerzo. ¿No hubiera sido más sensato dejar de decir que las necesidades de vacunación en Colombia están ya resueltas y permitir un cierto tipo de escogencia para obviar esta sensación de ser tratados como ganado?

Son muchos los interrogantes que se plantea cualquier colombiano sobre esta desinformación, este método insensible de asignar a los colombianos a sitios alejados de su lugar de residencia para ser vacunados, creando problemas de transporte y, por qué no, de posible contagio. ¿No sería mejor reconocer que todo ha sido caótico e ineficiente?

Casi como si se hubieran puesto de acuerdo las autoridades de salud con la alcaldesa de Bogotá, ¡que los ancianos viajen en bicicleta o en Transmilenio o consigan un transporte compartido para irse a vacunar!

Isabel Mallarino

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