Sin duda, el apresurado y erróneo trino del presidente Petro la semana anterior no solo desencadenó una crisis diplomática sin precedentes, sino que, y aunque él mismo no lo admita, lo llevó al terreno que Donald Trump desea: el de la contienda y el desafío. A esto, el presidente cayó, como dicen, “redondito”. Además, ninguno de sus aliados, como el presidente de Cuba, Ortega, Boric (el presidente chileno), salió a respaldarlo. La voz de la presidenta mexicana Sheinbaum ni siquiera se escuchó, y Lula, el de Brasil, optó por una salida estratégica.
Petro quedó sumido en su error, y lo más grave fue que funcionarios subalternos, como la ministra entrante Sarabia, el saliente Luis Gilberto Murillo y el embajador de Colombia en EE. UU., Luis Gilberto Murillo, tuvieron que afrontar la crisis y solucionarla mientras nadie daba razón del presidente Petro. Trump es un presidente errático y a todas luces desagradable, pero con poder, y desafiarlo tampoco es la solución. Finalmente, Petro tuvo que ceder, a un costo muy grande para el país.
Ahora bien, es inconcebible la lagartería y lambonería de altos funcionarios colombianos o de origen colombiano, como el senador Bernie Moreno, quien, arropado en su nacionalidad norteamericana, no duda en enfilar baterías hacia el país de una forma despiadada. Se percibe claramente su intención forzada de buscar la bendición de Trump, al estilo de un papa. A esto se suman los miembros del Centro Democrático e incluso Fico Gutiérrez, quienes, muy omniscientemente, pasan por alto la falta de humanidad y la improvisación de Trump y parecen un coro de alabanza —muy mal hecho—. No es estrategia tratar de agradar a Trump; Iván Duque lo hizo y se ganó el desprecio.
Si Colombia no adopta una política estratégica, con Trump estaremos perdidos y en manos de fanáticos como Marco Rubio y Díaz-Balart. Urge diplomacia; no una diplomacia de gritos y reyertas, ni una de genuflexión y aprobación a toda costa, que, igualmente, podría ser muy costosa para el país.
Rodolfo Alberto Vanegas, Bogotá
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