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La incuestionable economía

Cartas de los lectores

13 de marzo de 2023 - 09:00 p. m.

Cada vez que la ministra de Minas, la Ph.D. Irene Vélez, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, hablan de la imperiosa tarea de cambiar la economía del petróleo en el país por una economía que cuide la vida y no nos conduzca al fracaso como humanidad, saltan los expertos y no tan expertos a defender lo necesario que es para la economía seguir la explotación y exploración de hidrocarburos.

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Dentro de sus argumentos está la idea de que Colombia, según cifras del Banco Mundial a 2019, solo produce el 0, 3 % de las emisiones de CO2 a nivel mundial y que, por tanto, la transformación de la economía colombiana es más bien un capricho o una radicalización de unos cuantos catastrofistas. De esfuerzo cero para el ambiente a nivel mundial califican autoridades como el ambientalista Manuel Rodríguez el emprender desde ya y con todo el ahínco una transición hacia las energías renovables.

El exministro de Ambiente afirma que el planeta apenas si sentiría el efecto de que Colombia se descarbonice. En una línea similar, el exsenador y excandidato presidencial Jorge Enrique Robledo afirmó en un debate que “Colombia está tan atrasada, que ni CO2 produce”, y son reiterados sus llamados a que el país participe en el negocio de los hidrocarburos, por lo menos de aquí al 2050.

Lo que a estos y otros detractores de iniciar el camino hacia una economía descarbonizada se les olvida es que, así mismo, la economía colombiana representa solo el 0,4 % del PIB mundial. Pero a nadie se le ocurre afirmar la aberración de “para qué desarrollar las fuerzas productivas si el mundo apenas sentiría el desarrollo colombiano”.

Es decir, tanto las emisiones como la economía (carbonizada) colombiana representan una ínfima parte de las dinámicas planetarias; sin embargo, cuando de las primeras se trata, el tema puede ser menospreciable. Las dimensiones económicas, por su parte, siguen estando como la principal prioridad de toda decisión política.

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La economía sigue siendo un aspecto incuestionable. Mientras, seguimos reduciendo el principal desafío de nuestro tiempo, el cambio climático, a un acervo de disparates que se podrían dejar para un mañana. Y pues no. La sostenibilidad tiene que empezar a caminarse desde hoy y lo ambiental debe dejar de ser reducible a lo económico, ya que no basta con tener una economía creciente para traer el bienestar a los pueblos en el territorio nacional. Lo que sí es más probable es que todos podamos gozar de una excelente calidad de vida con una ruralidad y urbanidad que cuiden su biocapacidad, un concepto que mide la capacidad de la naturaleza de producir recursos y absorber desechos y emisiones.

De esta manera, vale proponer la idea de que descarbonizar la economía colombiana podría ser el camino para que la explotación de hidrocarburos tome un nuevo sentido social y pase de ser la industria que sirvió por años de caja menor a proyectos poco transformadores, a convertirse en el sector que catapultó la transición energética sostenible para las generaciones futuras.

Alejandro Sánchez Guevara. Contador público, M.Sc. en Desarrollo Sostenible.

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