Algunos profesores han abordado los distintos problemas de la Universidad Nacional: Moisés Wassermann, Mauricio García Villegas, Augusto Trujillo Muñoz, Fernando Sánchez Torres, Rodrigo Uprimny, Jorge Iván González...
Los problemas son muchísimos y se acumulan sin resolver a lo largo de los años. El profesor García Villegas habla de cuatro problemas que siempre se callan: los salarios exorbitantes de algunos profesores; una universidad que no evalúa ni saca a los malos profesores, ni a los plagiarios, ni a los falsificadores de credenciales académicas; un sistema casi automático y continuo de aumento salarial para los profesores mediante el sistema de prebendas de puntos-salario por cada publicación, sin límites ni requisitos serios...
Además, se atreve a tocar un tema fundamental, aún sin consenso ni resolución: si los estudiantes y profesores deben nombrar a su rector de forma directa y endogámica, o si es más sano y de mejor tino que sea nombrado por un grupo de profesores miembros del Consejo Superior Universitario con la participación plural de un ministro y el presidente de la República.
El clientelismo y los amiguismos en la Universidad Nacional son muy fuertes, deformantes y peligrosos. El profesor Rodrigo Uprimny reconoce que ha sido colega del abogado Leopoldo Múnera por años, pero no dice que es su muy amigo. Por eso, sus juicios y demandas contra las aspiraciones del ingeniero Peña no poseen ni la objetividad ni la imparcialidad debidas.
García Villegas se pregunta por el valor y la validez de la democratización de los procesos electorales internos. Democracia y autonomía son los dos temas esenciales que debería trabajar la universidad para corregir sus deformaciones, malas comprensiones y estiramientos caprichosos.
Siempre queda sobre la mesa sin resolver el gran problema de la autonomía de la universidad pública. La autonomía debe referirse a la libertad de cátedra, la libre escogencia de temas, fuentes y autores, libertad de puntos de vista intelectuales, tipos de cursos, autonomía en la elaboración y escogencia de programas, autonomía en los concursos docentes para selección de nuevos profesores, y autonomía en la determinación de planes, viajes, pasantías, prioridades y necesidades de los departamentos. Pero no aplica usar el término de manera oportunista y como muletilla para la toma de edificios a la fuerza, el manejo de distintas armas, el lanzamiento de bombas incendiarias, ni los botellazos de gasolina contra los policías. Porque, como recuerda Augusto Trujillo Muñoz, a todo derecho lo acompañan responsabilidades y deberes.
M. Jaramillo, profesora titular Universidad Nacional de Colombia