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Los políticos y altos funcionarios públicos trabajan para nosotros

Cartas de los lectores

15 de diciembre de 2021 - 12:00 a. m.

Desde que inicié la carrera de Periodismo me enseñaron a nunca confiar en las fuentes oficiales. Me inculcaron que un periodista siempre debe estar con lupa en mano para escrudiñar las acciones estatales porque la labor principal es ejercer de perro guardián de la sociedad.

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Y es que si no hay tensión entre un medio de comunicación y el Gobierno, se está haciendo propaganda. Esto, debido a que si algo les escuece a los políticos y altos funcionarios públicos es que les recuerden que son nuestros empleados y que ellos nos rinden cuentas, no al revés.

Bien recalcó Jaime Garzón que los funcionarios públicos están para servirle al pueblo, pero pareciera que no es así, teniendo en cuenta lo altivos que son. Si una empresa sufriera semejantes afrentas por parte de sus trabajadores, todos serían despedidos. No obstante, en Colombia debemos continuar tributando para que sus millones les lleguen puntualmente.

Además, la abierta confrontación y vulneración a la prensa deja en claro que revelarle la verdad a la gente es cargar con una cruz en la espalda. La adición del artículo sobre “Persecución a funcionarios públicos” en el proyecto de ley anticorrupción, donde expresan que cualquier injuria o calumnia contra ellos será castigada, confirma que usarán todo lo que esté a su alcance para opacar la libertad de prensa.

Ellos tienen presente que no es necesario ganar los juicios cuando demanden a los periodistas. Únicamente los someterán a gastos económicos y a fatiga emocional por cualquier nimiedad para que logren su cometido. ¿Cuál es dicha meta? Evitar que la prensa investigue y transfiera la información a los ciudadanos.

Lo mismo con la inspección que la Fiscalía busca realizar en Noticias Uno. Esa necesidad de mantener en absoluta vigilancia todo aquello que los incomode me recuerda a la policía del pensamiento del libro 1984, de George Orwell.

Para rematar, dos miembros de la ONG Temblores se exiliaron y denunciaron que la Fiscalía los ha estado monitoreando. Es tanto el temor que el Estado genera que, ante la duda, la opción más sensata es la de refugiarse.

Así pues, cuando se habla de contrapoder nos referimos a los gobiernos, el adversario por excelencia del periodismo. Por eso, en ocasiones me estremezco cuando escucho a alguien pedir más Estado. Eso es conferirle a un grupo de personas poder para que dicten lo que se debe pensar, decir y hacer. Demasiado para cualquier ser humano.

Juan Carlos Granados Tuta. Estudiante de Periodismo y Opinión Pública de la Universidad del Rosario.

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