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No hay de qué escribir

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Cartas de los lectores
19 de julio de 2023 - 02:00 a. m.
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Escribir es difícil cuando no hay de qué escribir, a pesar de que todo está rodeado de historias para contar, desde la madre que sale a llevar a su hijo al colegio en el clima más agreste de la sabana hasta el celador que ha tenido que aguantarse el silencio de la noche oscura pensando que puede ser su último día de vida.

En ocasiones, las historias están afuera porque es más fácil narrarlas desde las posibilidades que hay en el otro, como la señora que lleva a su hijo que probablemente le toca matarse durante el día para poder pagar un arriendo, viviendo sola, mientras en la tarde preocupada le escribe constantemente a un familiar para saber si su hijo ya hizo tareas, almorzó o si se está portando bien; o el mismo celador que probablemente puede ser la pareja de esa mujer que sale en las mañanas a aguantar frío mientras se cruzan en alguna esquina y se dan el beso de buenos días o buenas noches.

Es aún más difícil narrar la propia experiencia porque no hay nada interesante que contar, pues somos los espectadores de la película confusa que hay dentro de nosotros y se vuelve aburrida, por eso narramos al otro, porque le damos un significado de nuestros propios deseos, de destruir o construir vidas, de hacerlos llorar cuando queramos o construir vidas felices de familias numerosas, una mascota que vive cien años y que les duele en el alma cuando llega su tiempo de morir.

Es difícil escribir cuando no se tienen las palabras correctas para llamar la atención del lector, por no tener una historia que llame la atención a primera vista. Ahí me inventé algo de una situación común de calle y de posibles entrecruzamientos en dos situaciones particulares. La imaginación es lo que hace que hasta el que se crea el más tonto pueda escribir algo con un poco de sentido, siempre y cuando no tenga de qué escribir, como yo.

No es fácil darle un sentido a una historia que carece de profundidad. Por medio de un dibujo o una frase podemos trasmitir más de lo que queremos. Probablemente la piedra que está en el piso no es nada, pero cobra significado cuando un niño la patea mientras camina cabizbajo a su hogar después de tener un mal día en el colegio.

Tuve un flujo de conciencia momentáneo que me llevó a escribir lo anterior de una pasada, con errores de ortografía que se van a corregir al final del escrito. Probablemente no tiene reflexión alguna, como el hecho de la salida del sol y la luna todos los días, porque es algo normal. Teclear es algo cotidiano en una oficina mientras se trabaja para cumplir una tarea, pero no es lo mismo teclear para expresar una idea o un sentimiento. Es difícil no saber qué hacer cuando se enfrenta a un miedo y más difícil aún cuando no hay de qué escribir.

Ricardo Rodríguez Rojas

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DONALDO(67774)19 de julio de 2023 - 10:56 a. m.
Muy buena reflexión, Ricardo.
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